10/15/2008

De Película...

No había mucha diversión visual para un cipote impúber y adolescente como yo. El cine y la Tv no eran accesibles como lo son ahora. Para ver televisión había que ver a través de rendijas en las ventanas de las casas vecinas, o pedir permiso para entrar, sentarse en el suelo y así poder ver televisión. La diversión cinematográfica se estrechaba al domingo… y uno que otro sábado.

Había varios cines y teatros dispersos en todo el otrora San Salvador. Teatros de lujo como el Caribe de la Escalón, cines y teatros clase media con asiento acolchonado como el Fausto, Majestic, el Teatro Nacional… y un vergo de sucios cines banca dura para la currunchunchún clase baja que éramos la mayoría.

Mis gustos por las películas variaba, desde los “muñequitos” hasta las de miedo, y se modificaba con la edad, en mi infancia me llegaban exclusivamente las de muñequitos, Bugs Bunny, Huckeblerry Hou, Tiro loco Macgrow, me fascinaba leer paquines, y fui fiel fanático de El Santo, The Tempest, y Miguelito Álvarez en canal 4 los sábados por la noche.

Pero fui creciendo y para mis 11 años hacía empatía con Clint Eastwood, Giulanno Gema, Fernando Sancho, Yango, o sea, lo que los gringos hoy llaman “Western spaghettis”. o vaqueradas italianas. Noté algo común en la vaqueradas italianas, esto era que los nombres de las películas casi todas llevaban la palabra “dólar”, y así había nombres como por un puñado de dólares, siete dólares al rojo, por unos dólares más, un dólar marcado, 10 mil dólares, vivo o muerto…etc., seguí creciendo y en mi temprana adolescencia, y por corto tiempo, empujado por un primo, me agarró la manía de gustarme las películas de Wang Yu..., ¡puta! Los chinos pegaban saltos que sólo en la luna yo podría dar.




Pero al final de mi teenage me llegaban las películas de protesta y los festivales de música rock que nos invadieron después de Woodstock.

Una de estas películas de protesta que hizo mella en mi estructura fue “Las Fresas de la Amargura”, película que vi en el cine Darío un día de 1971 y realmente salí conmovido y con ganas de echarle verga a la cuilia. El argumento de la lica se centra en las protestas estudiantiles sucedidas en la Universidad de Berkeley, en California… dos elementos impresionantes fueron la música (yo conseguí el álbum que aún conservo) y el impactante final.





Pero el elemento común en toda mi carrera de cineasta han sido las películas de miedo. Todo comenzó en mi pubertad, quizás fue por la expectativa que el cura en su sermón le puso, el caso fue que la iglesia El Perpetuo Socorro, ofrecía los sábados por la tarde películas gratis a los aspirantes de Primera Comunión, y todo aquel que comulgara, pero había que llegar a misa a las siete de la mañana los domingos; un domingo de estos, en 1965, el cura nos advertía desde el púlpito que “aquellos niños que no cumplen los diez mandamientos son castigados por Dios en el infierno donde además de Satán, hay monstruos como el que verán el próximo sábado en la película…”

En mi barrio habíamos una marita de párvulos que estudiábamos y jugábamos juntos, el tema de la semana fue ¿quién sería ese monstruo que vive con el diablo?..., todos pasamos especulando si tendrá cachos, cola, será rojo y con patas de chivo…

El famosos monstruo fue nada menos que el ya para entonces trillado “Monstruo de la Laguna Negra”, una película de 1954. Cuando nos anunció el cura al monstruo de Satán, ya me había quebrado esa lica en blanco y negro un chingo de veces, y también sus dos o tres secuelas, en el Capitol, México, Modelo, América, o en el difunto “cine y teatro” Popular, o pulgoso. La había visto en “estreno”, en dobles, y triples… el cura nos creía hijos de “campesinos del campo”, como una vez dijo el ex fraudulento Presidente Molina.

Pero fue la película Psicosis, de Hitckock, en blanco y negro la que más aterrorizó mi mente. Yo no estaba supuesto a ver esa película, era prohibida para “menores de 14 años”, yo no llegaba ni a doce, y no entendí la película, pasaron años antes que pudiera hilvanar que una personalidad humana, en su mente, se podía fraccionar. Los “grandes” con los que entré al cine me la explicaron en todos los ángulos, pero no me entraba ni a patadas... Y es que entonces yo pensaba que si había algo que El Santo, Súperman, el Fantasma, o Yaqui el Pecoso no sabían hacer, nadie lo podía hacer.

Y así estaba el estado de mi carácter cuando llegó “El Exorcista”.

Tamen