10/19/2017

Memorias De Un Desmigrado: El Todólogo - Segunda Parte

En 1984 comparar los hospitales gringos con los hospitales de mi tierra era como comparar la casa del rico y del pobre. Los hospitales gringos son hoteles, algunos 5 estrellas otros 1-2 estrellas, aun estos gringolandeses hospitales bajeros en aquellos días iban taco a taco con el mejor hospital privado de mi terruño.

Yo estuve 14 días en un hotel-hospital de 2 estrellas.

Mi seguro de salud familiar era proveído por el sindicato de empleados de hoteles y restaurantes. Yo pagaba 25 mensuales más 5 chuyas membrecía. Este sindicato era de la mafia y Tony "big tuna" Accardo era entonces el jefe de la mafia de Chicago.

La mafia me pagó 100% la estadía de dos semanas en el recién remodelado Hospital Thorek en el northside de Chicago…, además, me dio 400 chuyas de incapacidad por los 45 días que me tiré sin trabajar.

Entonces entendí porqué mi doctor, un boliviano, me mantuvo tanto tiempo metido en el hospital aún cuando en siete días estaba recuperado. El hospital y él ganaban vergo de dinero de la mafia.

En el Thorek me quebré toda la XIV Olimpíada de Invierno en Sarajevo, con una cama que la maniobraba como quería y Tv a color. Siempre que me llevaban la cena me llevaban el menú del siguiente día, ¡con 2-3 escoges!.... ¿Qué quiere comer mañana papaíto? ¿Pollo, carne, pescado...?

Un chero me dijo que Newport es cigarro para pulmones de afroamericanos, que no dejara de fumar sino sólo cambiara marca... Que alentador es oír decir a alguien lo que a uno le gusta oír... Así que es saliendo del hospital corrí a comprar una cajetilla de Malboro Light.

Pero salí asustado de la neumonía y pasé un día fumando solo un cigarro, luego comencé fumando dos por día y en un mes estaba fumando casi la cajetilla.

La manera como fui recibido de regreso en el Hotel Drake por mis coworkers me sacudió y casi se me salen las de cocodrilo. La cultura gringa tiene esa forma de afectación ambivalente en los lugares de empleo, porque un mes después regresó la mañita de golpes traicioneros por mis coworkers.

El departamento de housekeeping en el hotel era territorio africano, la cocina era territorio azteca, igual los busboys (ayudantes de meseros) de los tres restaurantes, los que arreglaban y decoraban las fiestas en los dos enormes ball rooms eran mezcla azteca y caribeña… Todos los meseros y meseras eran gringolandeses… Y no había centroamericanos… Yo era el único.

Entre los hispanos en Chicago de los 80s, los mexicanos eran mayoría, seguidos por puertorriqueños (potorros), tercero cubanos… Los guatemaltecos eran mayoría entre los centroamericanos, colombianosecuatorianos mayoría de sudamericanos.

Había hispanos y afros trabajando en el hotel por décadas. El más viejo de trabajar allí era un afro de 67 años que rechazaba retirarse, tenía más de 45 años trabajando para el hotel y lo decía orgullosamente… ¿Cuánto ganaba?, nunca lo supe. Pero huevón.

Anualmente aumentaban entre 10-25 centavos, el único aumento que recibí fue 20 centavos por hora en mi primer aniversario que hizo llegar mi salario a $5 dólares y pico. Recibía $320 por quincena después de los taxes y descuentos.

Un día de junio de 1984, pasados tres meses de mi neumonía y casi completando dos años de trabajar en el hotel iba viajando a mi trabajo en un bus de la CTA (Chicago Transit Authority), pues en todo USA el sistema de transporte lo maneja la ciudad, ¡de repente!, sentí una sensación de hastío, estancamiento, paralización emocional, me sentí valiendo verga.

Después de 19 meses en el hotel me sentí emputado conmigo mismo, inmovilizado en mis aspiraciones. Siempre me han obsesionado los retos y siempre he odiado el conformismo.

Recién un amigo y compañero de estudios en El Salvador me había escrito "la única carta que he escrito en mi vida" según hoy él jura y perjura, anunciando que las clases en la facultad de medicina en el hospital Rosales habían reiniciado después de dos años. Que regresara.

Mi familia se opuso completamente, especialmente mi esposa, la única vez en 43 años que la he visto bien agresiva. Ya teníamos dos hijos, la guerra estaba en su apogeo, hacía dos años mi tata se jubiló y se vino a vivir a Chicago…. ¡nadie de la familia sanguínea quedaba allá!... Mi hermano mayor quizás se sintió responsable por haberme traído, me invitó a cenar y me recomendó dos cosas 1) esperar un tiempo más para regresar…, 2) O que tratara de hacerla en gringolandia… "El que es perico en cualquier cancha es verde" -me dijo sonriendo..., como quien dice "¿podrías con este reto a vos que tanto te enculan, pendejo?".

Fueron días cabrones para mí. Recordé lamentando ese día con mi chero haber parido la idea de venir a USA mientras chupábamos en el Golden Fish, luego él rajarse y venirme yo solo, se suponía íbamos estar en USA hasta que abrieran la U luego nos regresábamos… Hoy me mandaba esta nefasta carta creándome enorme clavo emocional... Me sentí hoy ya estaba encaramado en el macho y tenía que jinetearlo.

"El que es perico en cualquier cancha es verde".

Ese día de junio 1984, soleado y caliente, anunciando el verano después de nueve congelantes meses y mientras viajaba en bus pensaba si podría llegar a graduarme de médico en el imperio... Tomé una decisión.

Cuando llegué al hotel me fui directo a la oficina de la jefa y le dije había hallado mejor trabajo y que renunciaba siendo ese día mi último día. Me topé que en gringolandia existe exit interview o entrevista de salida y cuando me preguntaron dónde había encontrado el mejor trabajo titubeo y dije "international machinery" el ruco gringolandés solo me dijo you don't want to work here anymore, I don't blame you.

Mentí a mi esposa, familia y amigos diciéndoles que me habían echado por una cagada que había hecho. Una mala decisión porque no tenía otro trabajo ni conecte para conseguir otro. Y el piggy bank quizás tenía para dos meses... Pero mi futuro no estaba en ese hotel.

En enero de 1983 había conseguido un apartamento, una caja de fosforo mejor dicho, en un barrio bien paloma en el noreste de Chicago, cerca del lago. Era un edificio de apartamentos donde solo hispanos vivíamos y el dueño era un gringolandés con un chapín de manager. La caja de fósforo me costaba $250 mensuales. Pero tenía el apoyo de mi esposa porque ella había conseguido trabajo en un Burger King.

Era un apartamento primer piso de dos cuartos, uno para sala-comedor y el otro dormitorio más un cubículo de cocina y al fondo otro cubículo de baño. La ventaja en USA es que todos los apartamentos que se rentan vienen incluido estufa de 4 quemadores con horno y refrigeradora, ya había comprado a un  chero una Tv blanco y negro de 25 pulgadas en $35 dolores y un juego de dormitorio a otro chero en 250 chuyas.

Mi esposa trabajaba en la mañana y yo en la tarde, no teníamos que pagar baby sitter para los niños.

Los edificios y casas en USA no están pegados como las casas en mi colonia Santa Lucía donde sólo se pegaba el oído a la pared y se oía lo que pasaba en la otra casa. En USA un pequeño pasillo, gang way le llama la cuilia, divide casas y edificios.

El problema era que después de medianoche, afuera de mi ventana que bordeaba el estrecho y oscuro callejón separando los edificios, los pimps o chivos afroamericanos talegueaban a las sexoservidoras por escaso negocio o esconder la feria… ¡y la mujer afroamericana es escandalosa!

Vivíamos en el área Brynn Mawr-Winthrop, una zona llena de hookers.

Cuando llegaba de trabajar del hotel después de medianoche las veía haciendo señas a los carros que pasaban. El blow job costaba 10 dólares, sexo anal 25, sexo vaginal 30 y full cover $45… Y exigían usar condón que ellas mismas cargaban en caso fuera excusa porque el SIDA estaba de moda... Sabía esto porque una de las sexoservidoras me pidió un cigarro una noche, se lo di y me dijo la tarifa prometiéndome que porque había sido nice con ella iba ser súper nice conmigo.

Chévere fuera si el pimp cabrón hubiera escogido otro lugar para pijiar a las sexoservidoras, pero su lugar preferido era exactamente al lado de la ventana del dormitorio de mi caja de fosforo y a pesar que eran dobles ventanas para invierno siempre se oía el despije.

-You’re my bitch moneymaker until I say no more bitch, you´ve heard me bitch?… shiiiiiit… Go back and suck dicks and bring my goodies bitch... God  dammit!... Get the fuck out of here!

Pero el chivo o pimp de las hookers era el mismo africano. Con mi esposa le conocíamos la voz y lo veíamos de día, cada noche de mínimo pijiaba una hooker, máximo tres.

De día lo veíamos pasar en un cadillac blanco con rines dorados como el oro,  usaba una cadena del grueso de mi dedo meñique y tres dientes de oro. El cacique del territorio – como casi todo afroamericano-, tenía una patológica adicción al oro como yo soy alérgico al mismo.

Un mes después que llegué a Chicago mi broder se hizo ciudadano y nos metió papeles a los cuatro hermanos y mi ruco… Par de meses después me llegó un papel de migración diciéndome que aceptaban los papeles de aplicación y que comenzaba el proceso. Había un backlog o retraso de 5-6 años de espera, por si las de hule yo mantenía ese papel en mi cartera, era mi green card.

A mi tata le salió la residencia en seis meses, se jubiló y se vino a Chicago donde moriría 25 años después.

Mientras tanto, sin trabajo, mi cuchito estaba a punto de tronar en agosto de 1984 y viendo llegar el pago de renta sin conseguir trabajo me hacía comenzar a flaquear y conmiserar por haber dejado el jale del hotel.

Le comenté mi situación al chero chapín que trajo esposa y me dijo "tengo un amigo que anda buscando alguien porque hay trabajo en su jale, pero es trabajar con llantas, ensuciarse y a la intemperie….”

Dos semanas después comenzaba a trabajar en Consumer Tire & Supply Company al sur del downtown en el barrio de los africanos.

Había descendido de aspirante a doctor en medicina a llantero.

El lugar de trabajo era enorme, ocupaba una manzana más un enorme sótano, vendía no sólo llantas de toda medida sino también repuesto para todo vehículo, tenía taller de vulcanización... Y mucha y buena clientela... Por casi cuatro años yo fui llantero, pero si le pongo caché, como le encanta a los gringos, mi profesión u oficio fue Mecánico de Llantas.

Me pagaban el recién aprobado nuevo salario mínimo de $5 dólares x hora más propinas y mi trabajo consistía en trabajar con carros domesticos. Me enseñaron a montar y desmontar llantas, balanceo, reparación con parche y taponamiento, a distinguir una llanta radial y de cinturón, a reconocer medidas de llantas y rines.... Y se trabajaba a la intemperie las cuatro estaciones. Pero por vez primera usaba mi propio nombre aunque seguía usando el #social de mi sobrino.

Yo ahora me sorprendo cómo es que duré tanto trabajando en esas condiciones, temperaturas bajo cero o de 95-100 grados Fahrenheit, bajo la nieve o bajo el talegazo de agua, no importaba, el trabajo se hacía.

Allí conocí a LeRoy.

LeRoy era un raza negra tranquilo y lo insultaban los mismos negros envidiosos llamándolo "negro por gusto" o useless nigger, como ellos le llamaban, porque era estatura pequeña, no fumaba ni bebía, no podía bailar ni cantar, y decían tenía una pija chiquita... pues le clavaron negro por gusto.

Pero LeRoy, quien era amigable, sonrisa afable, y plante inofensivo, nos gustaba a todos los latinos y algunos negros, excepto por un puñado de prietos envidiosos mala onda, de esos que existen en toda raza y en cada rincón de la nave espacial.

Y es que LeRoy tenía algo que la currunchunchún de llanteros no teníamos. LeRoy era graduado universitario, pero no era fufurufo. Nunca noté viera alguien de menos, o sacara pecho de sus logros académicos.

LeRoy era humilde, andaba en sus 30s, pero seguía soltero..., y no era canelón, decían le costaba conseguir y retener novia.

Manejaba un carro del año, se ponía trozo de ropa, zapatos de cien vergas, y oro en puta. Su oficina era alfombra y aire acondicionado, era también gustado, respetado y tomado en cuenta por la élite blanca mandamás, sin embargo, LeRoy llegaba al calor, la suciedad y la negrura donde trabajabamos a platicar con todos…, pero con nosotros, los latinos, se pegó pues decía quería aprender español y estaba haciéndolo bien..., el chavo sencillamente era buena onda.

Trabajando un día de verano en1986, durante la media hora de almuerzo… ¡de repente!... ¡oímos un disparo en la esquina opuesta y vimos un negro caer al suelo y dos más salir corriendo... era LeRoy que salía del Kentucky Fried Chicken de comprar su lunch y era asaltado por sus mismos hermanos de raza.

Un disparo en su cabeza acabó con su vida…

En otoño 1986 comenzaba la escuela. En USA los ciclos escolares comienzan en otoño, en septiembre, yo me preparaba a comenzar un nuevo semestre en Truman College.

El Curso ESL (English as a Second Language), en los 80s tenía dos niveles. Nivel uno tenía cuatro "libros": Beginning, Intermediate, Advanced y Special. En la UNAES me enseñaron a leer inglés y como siempre me enculó leer no tenía mucho problema con el vocabulario por la similitud, lo que cambiaba y hacía yuca aprender inglés era la pronunciación y arreglo de oraciones... 1983 que me inscribí en el Truman College, parte del community college que tiene casi toda ciudad grande en USA, me sometieron a un placement test  y me emplazaron en el libro IV, o inglés especial, el último libro del primer nivel. Luego ingresé al segundo nivel: Inglés I, e Inglés II en 1985.

En otoño de 1985 comenzaba el semestre de English Composition 101, un curso que en USA todos tienen que pasar si se aspira llevar materias con crédito universitario o ingresar a una universidad... Aún los nativos gringolandeses tienen que aprobar este curso el cual consiste en escribir composiciones en inglés de mínimo 500 palabras. Era materia coladera, habían gente, inclusive nativos que repetían 2-3 veces el curso para pasarlo. Era paloma...

Además que pagaba 276 dólares mensuales porque inglés 101 ya no era el gratis ESL. Era caro para mi bolsillo y sólo podía costear una asignatura por semestre... Pensé entonces a ese ritmo me iba a graduar con bastón.

Fines de la primavera de 1986 había pasado en el primer intento inglés 101 y se me abrían las puertas para inscribir materias con crédito universitario o aplicar entrada a la universidad.

Había decidido enfrentar el reto de intentar lograr mi sueño de ser médico en gringolandia y tenía que pasar esta materia para evitar el TOEFL.

Pero seguía siendo mojarra, sin papos, me quedé en el Truman College.

Pero ya había abierto el zaguán de par en par.... Me acordé del refrán de mi tata que juraba y perjuraba el Che había dicho:

"Se alcanzan las más altas cumbres del esfuerzo humano cuando se lucha con un ideal".

Tamen
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10/05/2017

Desde Mi Diáspora: El Dios de Plomo

En los estados sureños se dan casos de violencia armada que nunca observé en Chicago, pero entonces Chicago tenía una estricta ley anti armas que la Suprema Corte revocó en 2010... Chicago es hoy la capital del crimen en USA.

La Suprema Corte gringa era anti armas 5-4 liberal-izquierdista los 18 años que viví en Chicago, a partir de Bush en 2007 llegó a ser 5-4 pro armas conservativa-derechista.

Y es que hay un amor por las escuadras, pistolas, rifles, ametralladoras... y este es un derecho protegido por una enmienda constitucional promulgada cuando Texas pertenecía a México, entonces los tipos y bandidos mandaban en el wild west.

En los hipócritas estados cristianisimos sureños hoy de nuevo reina un virtual wild west.

Siempre he manifestado mi personal observación que el pensamiento ideológico derechista es violento, bully, ideológicamente hipócrita y tienen un encule congénito por las armas como yo tengo por el guaro. El fundamento ideológico conservativo-derechista es violento, ambivalente, ilógico... Es la razón porqué la derecha defienda la venta libre de armas, desde rifles de asalto hasta pistolitas.

Siempre tengo cuidado no mezclar mi amistad con la política o la religión y es porque tengo amigos derechistas, pero una mierdécima de estos carecen de la misma predisposición que yo tengo tocante a la amistad y terminan siendo hostiles a mi amistad sin yo desearlo porque sus ideas no congenian con las mías y les encula discutir política pero no pueden intercambiar sus ideas sin encolerizarse, no pueden debatir sin amenazar, no pueden intercambiar opinión sin alzar la voz..., luego me echan bola negra y se convierten en mi enemigo.... Son incompetentes en separar la política de la amistad.

Muchas masacres sucedidas en USA y Europa , o sea, "la comunidad internacional", en los últimos 5-10 años han sido cometidas por elementos que además de ser partidistas de ideología derechista también incluye derechistas supremacistas, nazis y KKK... Y hablo de individuos no de regímenes o dictadores.

Localmente en Houston, mis vecinos en mi cul-de-sac todos tienen entre dos a tres armas… y nada de pistolitas calibre 22, sino algunos tienen armas de gran calibre como la AR-15, una ametralladora semiautomática que cuesta alrededor de 1500 chuyas.

Cada casa en mi colonia, y en todas las comunidades de Houston hay un inconcebible arsenal de todo tipo de armas y muy frecuentemente se dan tragedias auspiciadas por irresponsables adultos que terminan en muerte que envuelven niños.

Este día, por ejemplo, 19 niños morirán o recibirán tratamiento de emergencia por lesiones de armas de fuego en USA... Entre los niños de 1-17 años las armas de fuego es la tercera mayor causa de muerte.

Pero esto les importa un comino a los políticos derechistas republicanos, al contrario ellos propagan la falsedad que lo más vergón en la vida viviendo en USA es el derecho a poseer vergo de armas de fuego de todo calibre.

Un político republicano texano, por ejemplo, dijo en una entrevista que es duty (deber) de todos los ciudadanos del estado poseer un arma para "contrarrestar los ataques terroristas"..., un razonamiento falaz y fue demostrado en la reciente masacre en Las Vegas, donde hasta bien armados policías sucumbieron al diluvio de balas de un bien pertrechado terrorista raza blanca.

A este gringolandés que masacró a mansalva a 59 en Las Vegas los medios de información lo refieren como killer, gunman, shooter pero no le llaman lo que verdaderamente fue: un terrorista, sobre los cuales Obama refería "cometen más masacres que los yihadistas", la mayoría son raza blanca... Por eso no le llaman terrorista.

Leí en el único diario que circula en la ciudad, el Houston Chronicle, que el promedio de familias en la ciudad y suburbios poseen de 2-4 armas. Nacionalmente de los 319 millones viviendo en gringolandia alrededor de 265 millones poseen armas, y de estos 265 cada uno posee un promedio de 8 armas de fuego... Hago matemáticas y hablamos de un recontra talego de armas.

Las armas son un culto en este estado texano cristianisimo y su god-fear people. Un gran encule por las armas, por eso obtener armas es de lo más chichón del mundo. Basta llenar una aplicación y declarar que son para "uso personal" y no para terrorismo, comprar una licencia y eso es todo… ¡ah!, ser mayor de 18 años.

Pero costaba 140 dólares la licencia y el flamante nuevo gobernador de Texas se quejó que "el dinero NO puede ser la limitante para defenderse"..., y acabó por reducir el costo por 70%..., hoy sólo cuesta $40 dólares... ¡Qué viva el gobernador!

Hay una ley que se llama concealment license que se aplica para llevar arma escondida, ya sea en el carro, en la bota, debajo de la camisa… etc.… el único requisito es ir a ciertas horas de práctica de manejo de arma y tiro al blanco... Pero los cristianisimos sureños se quejaron que portar armas es god-given ordenanza ¿por qué esconderla?... Entonces Texas, el más god-fearing state de todos, aprobó una ley que permite portar cualquier arma sin esconderla, ya sea pistolita, rifle de asalto, o fusil de largo alcance, ya sea en iglesias, templos, universidades, colegios u hospitales..., a menos que un anuncio "visible" a la entrada de estos lugares lo prohíba.

Y como exclamation point sobre este negocio el congreso federal mayoría republicana está a punto de aprobar venta libre de silenciadores antes que finalice el año. Y es que de plano matar con arma de fuego es bullicioso y despierta a la gente de su inocente sueño.

Si alguien entra a mi propiedad, aquí en Texas, sin mi consentimiento tengo derecho a shoot first, ask later…. Algo así como dicen hacía Pancho Villa: ¡fusílenlo y después averiguan!... O sea, si por desgracia un fuerte viento se llevó mi cachucha, sombrero, u objeto personal y éste cayó en el patio trasero de una propiedad privada, y me meto a sacarlo a lo guanaco, a lo hispano, sin ir a tocar la puerta y pedir permiso…,  y si mala suerte el dueño es racista, supremacista, KKK, skinhead, nazi o derechista (o todas la anteriores como sucede a menudo), y me declara sospechoso, él o ella tienen derecho a disparar primero y preguntar después.

En Florida y otros derechistas estados hay una que ley que dice que si me siento amenazado por otra persona (aún desarmada) tengo derecho a sacar la mecha y aumentar el peso corporal del malintencionado a puro plomazo. La ley se llama stand your ground (defiende tu posición).

Esta ley fue la que sacó libre al peruano George Zimmerman por haberse quebrado al desarmado afroamericano Trayvon Martin.

Lo mismo en la calle, hay que tener cuidado con quien uno agarra bronca, ya sea haciendo cola en el banco, en Walmart, reñir por un parqueo..., o peleando la vía…, porque aún si la persona se ve indefensa o enclenque, o porque es mujer…, ¡cuidado!, puede llevar una mecha y coserme a balazos.

A esto los gringolandeses le llaman road rage, rabia del camino, y es tan común en las calles y carreteras aquí como en mi terruño.

Road rage son mínimas tragedias debido a armas de fuego comparadas a las habidas masacres como Columbine H.S. en Ohio, la masacre de la universidad de Virginia, la escuela de los cuáqueros en Pensilvania, la masacre del cine en Colorado, los 49 muertos en Orlando, Florida, la masacre en la iglesia cristiana afroamericana en Carolina del Sur… Y los 59 muertos del domingo pasado en Las Vegas.

La industria del armamento gringo gasta millones de dólares para proteger la venta libre de armas y tiene su pantalla llamada National Rifle Association(NRA) que tiene sobornado a un  repijo de políticos de ambos partidos para este efecto usando la farsa de contribuciones de campaña.

Sólo en 2016 la industria de armamentos dio a los republicanos $5,900.000 millones de dólares y a los demócratas $106,000 con esta paja de campaign contribution que no es más que un pinche soborno.

Y lo peor es que la élite imperial gringa no permite que se recopilen datos del efecto que la virtualmente incontrolable venta de armas genera en la salud y bienestar de la población.

Levantar una pinche estadística de cuántos muertos por arma de fuego suceden en gringolandia es ilegal y políticamente profano.

Hay poderosas razones para evitar la gente se de cuenta de cuanta mortandad se genera debido a la arcaica Segunda Enmienda gringa que dice:

"Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado libre, el derecho del Pueblo a poseer y portar armas no será infringido".

Fue incluida en la constitución gringolandesa en 1791... ¡Hace 226 años!

En mi casa no hay armas de fuego, quizás mi familia sea la única en el vecindario y quién sabe cuántas millas a la redonda. Hemos discutido ésto con mi esposa y decidido que pase lo que nos pase nunca vamos a poseer más armas que el machete decorativo y dos puñales decorativos de mi tierra que engalanan mi sala..., y que pasé lo que nos pasé jamás nos vamos arrepentir si debido a esta decisión nos ocurre una desgracia fatal.

Tamen
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9/28/2017

Memorias de Un Desmigrado: El Todólogo – Primera Parte

Como la mayoría de salvadoreños en la diáspora que llegamos antes, durante y después de la guerra, cuando viene a trabajar le hemos hecho a todo, muchos somos todólogos, yo no soy excepción. Después de 36 años en gringolandia, contando meses, preparando maletas para mi retorno al terruño, pues sacando pecho manifiesto que he sido un clásico todólogo guanaco a toda honra. Y aquí le va mi rollo.

Estudié medicina en el terruño pero cuando llegué a USA la necesidad metió mi orgullo en mi chiquito. Ni idea de qué iba trabajar en USA tenía ese día de febrero en 1981 cuando en Matamoros doblaba el ruedo del pantalón hasta la rodilla, con zapatos en mano, asegurándome que la foto de mi esposa con mi hijo de cinco meses estuviera en la bolsa de mi camisa, next to mi corazón, comencé a saltar de piedra en piedra en el río Bravo pasando de "Méjico lindo y querido", pero tan lejos de Dios como mi terruño..., a gringolandia, entonces como hoy amo y señor de este lado del charco en la nave espacial.

En mis entonces 26 años de vida, a excepción de Esquipulas en 1969, jamás había estado fuera de mi terruño ni había viajado en avión.

Llegué en los últimos tramos de un light invierno a Chicago, estaba ansioso por ver caer y tocar la nieve... Pero tuve que esperar hasta noviembre.

Pasé dos meses desesperado sin hallar jale, ganando peso, saliendo del raquitismo que traía. El primer paso positivo que hice fue dejar de chupar, el segundo inscribirme en un curso gratis de inglés en un community college... en este mismo junior college, seis años después, ganaría mi primer diploma gringo: associate degree en "estudios generales".

Después de dos meses y 20 libras más, mi broder, que ya tenía 12 años de vivir allí, hoy viviendo en otro Cuadrante, me consiguió mi primer trabajo: delivery boy en un céntrico restaurante llamado Grand Deli en el downtown.

Fue el segundo trabajo de mi vida..., un esporádico supernumerario de cuatro meses en Freund Escalón, 1975-76, el primero.

Como delivery boy, usando un número de seguro social del asesinado hermano de un amigo de mi hermano. Me llamaba Arturo. Mi salario era $3.35 por hora, consistía en llegar a las 9 am, llenar de cerveza y sodas dos refrigeradoras, limpiar los dos baños, pasar la aspiradora (otra primicia de mi vida), bajar, ordenar sillas, mesas. La mara gringolandesa comenzaba a llegar para lunch desde las 11 am... Entonces venía lo más vergón: llevar comida, recibir propina y fumar.

Comencé a conocer fuera y dentro casi todos los grandes edificios del downtown como el ex Standard Oil Building, Sears Tower, John Hancock Center... El Grand Deli era bien conocido y los customers que ordenaban delivery daban buena propina... No tenía que decir nada, sólo entregaba la bolsita, ellos leían el recibo, pagaban y nunca pedían el cambio..., o yo me hacía el maje.

Una o dos veces al mes alguna compañía cercana decidía hacer "almuerzo de trabajo", mandaba pedir un vergo de comida como Rubens, Cheese Burgers, Sloppy Joe, Mass and Balls, más bebidas... lo que me obligaba a usar una carretilla..., mala suerte no había cell phones con cámara para verme empujando el two wheeler con el pijo de faje en las más transitadas calles del downtown de la ciudad de Alfonso Capone y Frank Nitti…. Estas compañías se mandaban porque me daban propina de 20-30 dólares.

Me dije que si este es el trabajo que el orgulloso europeo americano no quiere hacer por bajero y barato, o el afroamericano porque lo considera "mal pagado", en mi tierra hay miles de mis compas que lo harían eficientemente y con ganas.

Este trabajo venció mi miedo a viajar en el tren elevado y el metro de Chicago y me obligó a conocer "la ciudad de los vientos"…. Mi temor era pasarme la estación e ir a parar al sur, el barrio de los afros.

A pesar que había estudiado inglés toda mi secundaria e Inglés I, II y III en la Universidad, yo no agarraba más que una o dos palabras y usaba esto para llenar todo el vacío que pensaba el gringolandés me quería decir. Me desenvolvía mejor leyendo porque básicamente es lo que en la UNAES me enseñaron.

Vivía con mi hermano, su familia, cada día llegaba con 15-30 bolas de propina. Trabajé cinco meses de delivery boy ganando el mínimo de 3.35 la hora, pero la propina engordaba el cheque.

Empecé inmediatamente con una peligrosa mañita donde me jugaba la Jules Rimet: meter dinero efectivo envuelto con papel aluminio más una foto en cartas ordinarias enviándolas a El Salvador… Nunca me falló... Una de las pocas que me la jugué y gané... Mi plan era traer a mi esposa e hijo en un año y era el ahorro.

En septiembre 81 comencé a trabajar en la Sargent Welch Scientific Company en la ciudad de Skokie. Aquí sostuve mi primera entrevista de trabajo en puro inglés donde el larguirucho bolillo, que iba ser mi supervisor, me explicó mis duties…, pero no entendí ni papa... Mi sueldo sería $4.71 por hora.

Seguía llamándome Arturo. Mi trabajo era llenar y cambiar aceite cada día a casi 100 bombas de vacío de diferentes tamaños. Me ofrecieron todo el overtime que quisiera, aproveché para meterles la molonga trabajando 10 horas diarias y seis cada sábado…

Apresuré a meter semanalmente billetes no de 20 sino de 50-100 más la foto con sobre de estampillas de 25 ctvs., aún cuando estaba caliente el escándalo de los robos en las cartas certificadas por el coronel director de correos y su secretaria... tuve cuidado nunca enviar carta certificada con dinero… Me puse en los zapatos del malacate de correos y estaba seguro una pinche carta con foto jamás iba tener feria…, deducía no la abrirían… Así envié en casi un año alrededor de mil dólares de aquellos días.

En diciembre, antes de Navidad, ¡me compré el primer carro de mi vida!, un automático Ford Mercury Capri 1971 por 150 dólares.... ¡Puta!, hacía un año andaba en zumba,hoy tenía carro… pero fue cuestión de necesidad..., en gringolandia el vehículo es necesidad.

Skokie, entonces una villa hoy ciudad, queda al noroeste de Chicago. Para llegar allí tenía que tomar tres buses, comenzaba a trabajar a las 7 am así que tenía que levantarme a las cinco de la madrugada. Conseguí un raid de 10 dólares por semana pero el amigo llegaba a las 6 am al punto de recogida y quién no estaba se quedaba… eran 20 bolas de taxi casi dos días por semana porque me levantaba tarde…. Compré carro y medio se alivió porque atenido me levantaba más tarde.

Nunca había manejado en mi vida, pero el mismo cuate salvadoreño que conocí en el trabajo y que me vendió el carro, me dio dos días clase de manejo. Era un salvadoreño a toda madre pero malcriado el hijo del maíz, el primer día de escuela de manejo me vio ansioso, inquieto, nervioso y para calmarme me dijo "en dos días lo vas andar manejando con la punta de la verga".

Pero el Capri 71 tenía un problema grave, por eso costaba 150... No tenía calefacción y sin calefacción cuesta, o no se puede, vivir en Chicago. Además que tenía un pequeño agujerito en el piso donde está el pedal del freno, y allí entraba en ráfaga el gélido viento invernal... El Capri era carro sólo para el chicaguënse verano de tres meses.

Cuando familia o amigos se encaramaban en mi carro de antemano advertía arroparse bien y evitar hablar, respirar bajo, pues se nublaba el vidrio de enfrente y no se veía nada. Generalmente sólo se montaban una sola vez.

Y esas ráfagas congelantes que penetraban en el agujerito acalambraban mi pata. Un día le puse chicle, encima la alfombra, y amilanó el problema. El Capri me duró cuatro meses, luego se arruinó el fly wheel, me dijeron, allí murió mi primer carro.

Pero entonces ya no trabajaba para Sargent Welch. Unas semanas atrás habían puesto un aviso en toda la factoría que iba llegar inmigración y quien no tuviera papeles mejor se fuera voluntariamente… Yo me fui, pero algunos se quedaron, la regaron porque en efecto llegó la migra.

Mi cumpleaños me halló sin trabajo cuando más lo necesitaba, pero tuve el mejor regalo en mis 28 años vividos.

Sucede que todo este tiempo había estado ahorrando centavitos con mi esposa para los gastos del día y ahorro para el viaje a USA…., pero no sabía cómo putas los iba mandar a traer, sólo le pedí tuviera listos los pasaportes... Entonces El Eterno se fijó en mí.

En esos bellos días finales de abril 1982 que estuve desempleado un amigo chapín me dijo que si tenía 1500 dólares me traía mi familia desde el Distrito Federal. Tenía sólo cuatro días para decidir porque se iba. Esa noche puse cita telefónica con mi esposa en ANTEL y le dije comprara pasaje a México.

Me aceptó tres pagos mi amigo chapín... Yo también había ahorrado... La diferencia de no chupar ni mujerear.

Don Luis Cano era un mexicano de San Francisco del Rincón en Guanajuato a toda madre. Para entonces tenía 60 años, me había ganado su aprecio y cuando debido a un pleito con la mujer de mi broder a cinco meses de mi llegada este me pidió buscara donde, don Luis Cano me dio donde.

Era mi roommate y coworker, con él pagábamos la renta y trabajábamos juntos. Su mujer recibió a mi esposa y mi hijo en el DF donde llegó a traerlos mi amigo una semana después de la oferta de traerlos.

En mayo 1982, cuando estaba sin trabajo, recibo entrega a domicilio a mi familia después de 14 meses separados.

Siguió lloviendo la suerte pues poco después conseguí trabajo con un subcontratista potorro. Esta vez me pagaban $5 la hora.

El trabajo era limpiar un salón de belleza en el downtown todos los días. Llegaba a las 10 de la noche y durante 2-4 horas sacudía muebles, juntaba y recogía el vergo de pelos de todo color, luego barría, trapeaba, y una vez cada dos semanas hacía algo nunca había oído ni visto, "bufeteaba" la parte que tenía piso de ladrillo y luego enceraba. Me pagaban por seis horas.

Dos cuadras más abajo del salón de belleza se hallaba uno de los más famosos hoteles de Chicago, el hotel Drake.

Trabajé en el salón de mayo-agosto porque conseguí trabajo de Lobby Porter en el Drake Hotel, donde comienza the magnificent mile, en la avenida Michigan, enfrente del famoso Playboy Building, Lake Shore Drive, del lago Michigan.

Aquí me pagaban menos, $4.85, pero tenía beneficios, vacaciones, seguro de salud, etc., Usaba uniforme que parecía pingüino: chaleco, corbata y pantalón negro, pero el hotel proveía dos uniformes y el lavado de ello. Mi trabajo consistía en mantener limpio el Lobby o el enorme salón de entrada más el arcade que albergaba tiendas comerciales. Tenía que limpiar el piano, sillas, sillones, mesas, ceniceros (todavía se fumaba donde se quería en USA), alfombra, piso de ladrillos, etc.

Este trabajo me permitió conocer de lejos al rey y reina de Suecia, Paul Anka, Charles Bronson y Robert Vaughn de CIPOL.

Me llamaba César, usaba el #social de mi recién nacido sobrino. El horario era segundo turno de 3-11:30. Otro de los duties tenía que ver con bajar del asta la enorme y pesada bandera gringa al oscurecer, una en la azotea en el segundo piso (edificio de 11 pisos más sótano) y otra en la avenida Michigan.

Nadie me dijo en la semana de entrenamiento que era tradición sagrada gringolandesa que la bandera gringa nunca se pone en el suelo, entonces, en mi primer día sólo, bajando la star spangled banner (bandera moteada de estrellas), puse la bandera en el suelo de la acera porque el viento huracanado casi me la vuela y los grueso y pesados lazos no me dejaban maniobrar, era el rush hour, varios carros empezaron a pitarme y algunos a gritarme, yo sin entender, me tomé tiempo, entonces sale uno que trabajaba en una de las tiendas y me grita algo que no entendí, nos miramos por unos segundos, el gringolandés cae que no entiendo ni pío, me hace gestos como diciéndome, pienso yo por la cara que puso, "recogé la bandera hijueputa", al chile la levanto, riendo estúpidamente porque pensé estaba bravo porque la bandera se ensuciaba.

Ya tenía un año y medio de trabajar en este hotel, me había ganado aprecio de mi jefa afroamericana, aceptación de los europeos americanos en el front desk y reception en el lobby donde algunos me llamaban "little cesar" y por buen rato no supe por qué hasta que me llevaron a comer a la pizzería.

Ya fumaba una cajetilla diaria de Newport mentolado y en febrero 1984 empecé a escupir sangre. Tenía neumonía...

Tamen
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