10/07/2008

CHOCOLATE

Fue en Cuscatancingo, 1966, cuando lo vi por primera vez.

Cuscatancingo entonces era un caserío enorme con muchas colonias de calles empolvadas esparcidas en colinas. El Bus de la Ruta 24 era el único que llegaba al pueblo y sólo llegaba a la entrada, enfrente del cine. Ni una sola calle era pavimentada y las noches eran oscuras. Las proclamas municipales se daban de colonia en colonia con un cipote tocando el tambor y un vocero leyendo la proclama escrita en rollo como si fuese acta de independencia. Pero fue de esta forma como se anunció la llegada del payaso Chocolate y su Circo México en la populosa Cuscatancingo.

El circo México ya tenía años de existir, y ya era famoso en El Salvador, su dueño y estrella del show era el payaso Chocolate, don Eladio Velásquez. Chocolate entonces ponía el humor a la tristeza y desamparo de las analfabetas mayorías pobres en El Salvador que lo sentíamos nuestro…, pero también Pachuco y el hombre orquesta que amenizaba la función tenían todo el derecho al crédito.

Volví a verlo en las Fiestas Agostinas en La Campana, la Finca Guadalupe, y el predio del Don Rúa. Entonces dejé de ser el cipotillo chaquetero y remendado que siempre se metía de choto.

Chocolate era el payaso del pueblo, con su circo nómada México entreteniendo a la mayoría pobretaria de los abandonados y míseros barrios del San Salvador de los 60s. ¿Cómo iba a asistir un clase alta, u oligarca a ver ese chuco circo, o ese bayunco payaso? Chocolate no era de su alcurnia, sino para la chifurnia que honrosamente yo llamo mi raíz.

Pero sin TV, sin chance de entrar de choto ni al “pulgoso” a ver un triple por la falta de cinco centavos, ver a Chocolate era un disfrute que no olvido.

Anécdota, cuento, o chambre, mi padre me aseguraba haber presenciado en los años 50s el espectáculo “más grande” que Chocolate alguna vez presentó y que le llamó “lo nunca visto”.

Mi padre me contó que lo pregonó en el barrio Candelaria a bomba y platillo por dos semanas. El día señalado en su circo ubicado en el Mercado Belloso no cabía ni una mosca... y llegó el momento ansiado que todos habían llegado a ver... “lo nunca visto”... el hombre orquesta comienza a redoblar el tambor... sale Chocolate... saluda a la multitud... les da la espalda... se agacha... se levanta el traje de payaso y les enseña las nalgas peladas al gentío... uyuyuyuyuy...

Chocloate era como decía mi abuela, a quien no le gustaba, “un buchunchero” por eso terminó en problemas cachimbiando al enanito mexicano Margarito Sparza.

Tamen