11/15/2009

Un Poema, un Dilema... y No Son Los Muertos...

Este mes se cumplen 41 años de la muerte de mi madre en un accidente de tránsito, el tiempo me ha ido borrando su figura lentamente; sin embargo, su presencia es una inapagable llama que, irónicamente, revive fuertemente debido a la estrofa de una poesía que a mi padre tanto fascinaba, quizás tanto como hoy me fascina a mí.

No son los muertos los que en dulce calma
la paz disfrutan de la tumba fría;
muertos son los que tienen muerta el alma
y aún viven todavía!


Esta estrofa se la oí recitar a mi padre miles de veces desde mis siete años hasta bien entrada mi adolescencia, era la señal que mi tata ya estaba a verga, ponía gran emoción al recitarla…, pero luego, erróneamente, le agregaba esta estrofa de “Reír Llorando” de Juan de Dios Peza.

Sí se muere la fe, sí se huye la calma,
si sólo abrojos nuestra planta pisa,
lanza a la faz la tempestad del alma
un relámpago triste: La sonrisa.

Mi papá me aseguraba que el poema era del mexicano Juan de Dios Peza, pero decía no estar seguro ya que tampoco pudo encontrar la estrofa en ninguna literatura, y la buscó afanosamente. Él no recordaba como se había memorizado la estrofa.

A pesar que mi ruco poseía varios poemarios, entre ellos poemas de Peza, la estrofa no se hallaba en ninguno de los poemas de Peza, y definitivamente no estaba en “Reír Llorando”... En incertidumbre quedaron las cosas hasta que me suscribí en la red social de internet AOL en 1995, allí lancé la pregunta en un foro de poesía llamado Bistro, donde compartía poemas por puro pasatiempo inicialmente con tres: una mexicana, un venezolano, una chilena, y otros latinos que llegaron después… pero nadie sabía quién era el autor… aunque todos conocían la estrofa!

Entonces finalmente, creí yo, en 1999, Gloria Segura Z, una amiga pintora de Popayán, en Colombia, me aportó este valioso y documentado dato sobre el autor, el origen, y las tres estrofas del poema:

"ANTONIO MUÑOZ FEIJOO (1851-1890) Nació en Popayán realizó sus estudios en la Universidad del Cauca, fundador de la ¨Escuela Literaria¨, redactó varios semanarios políticos y otros de carácter exclusivamente literarios. Autor de numerosas producciones literarias entre ellas poemas idílicos y épicos, además de escribir comedia.

Una de las composiciones que mejor suerte ha corrido de cuantas escribiera Muñoz Feijoo es la tan discutida ¨No son los muertos los que en dulce calma....¨, a propósito de la cual el crítico mejicano Alfonso Junco publicó en ¨La Opinión´ de Los Ángeles, California, un interesante artículo que aquí recogemos por su indiscutible interés histórico. Dice así:

¨Hace nueve años, planteábamos el mismo problema: ¿De quién son estos versos? Minúsculo problema que se presta a repercusiones mayúsculas. Llovieron respuestas. Muchos aficionados y muchos doctos intervinieron amablemente y después de eliminar errores, precisas citas y remover recuerdos y volúmenes, venimos a seguir sin saber de modo decisivo y fehaciente quién es el autor de la repetida estrofa:

¨No son los muertos los que en dulce calma
la paz disfrutan de la tumba fría;
muertos son los que tienen muerta el alma
y aún viven todavía!"

En Méjico, casi todos nos sabemos de memoria la estrofa.....y todos ignoramos quién la forjó. Y no es que falten afirmaciones impresas: corre en libros la estrofa suscrita ora por Díaz Mirón, ora por Núñez de Arce, ora por Mariano José de Larra. Pero ahora me llegan voces de Colombia, en que con toda precisión y formalidad se atribuye esa estrofa (con otras dos que la acompañan formando una sola composición) a un poeta para nosotros incógnito: Antonio Muñoz Feijoo de Popayán, que floreció en el último tercio del siglo XIX.

Don Alberto Carvajal de Cali, Colombia, escribió: El señor Feijoo fue compañero y condiscípulo de mi padre y él me contó al oírme recitar la primera estrofa de esa poesía –que es la estrofa universalmente conocida en el continente americano de habla española o al menos la que todo el mundo sabe de memoria-, cómo nacieron estos versos:

He aquí lo que mi padre me dijo aquel día:

¨Visitaba yo con frecuencia la casa de Antonio. Tanto él como yo vivimos los rosados años de la adolescencia y gozábamos hablando de nuestros estudios, nuestras ilusiones y nuestros nacientes proyectos literarios. Popayán era en aquella época, un centro de los de mayor actividad literaria y social. Quizá el más movido del país, después de Bogotá. Su universidad disfrutaba de bastante crédito en la República. Nosotros formábamos parte de un grupo de muchachos aficionados a las letras. Allí estaban Simón Rojas, Miguel Medina, José María Velasco entre otros. Un domingo llegué a casa de Antonio. Como estuviera escribiendo me acerqué sin que me sintiera y alcancé a ver por encima de su hombro una hoja de papel en la que había tres estrofas sin título. En cuanto se enteró de mi presencia, me dijo: ¨Acabo de escribir una poesía, pero estoy en un aprieto: No sé cómo bautizarla porque está formada por tres cuartetos de distinta rima que contienen, expresado en diversas palabras, los tres el mismo pensamiento. Vaciló un instante y, para leérmela, trazó encima de ellas estas palabras: ¨UN PENSAMIENTO EN TRES ESTROFAS¨ El novel poeta no contaba entonces más de 17 o 18 años.¨

No son los muertos los que en dulce calma
la paz disfrutan de la tumba fría;
muertos son los que tienen muerta el alma
y aún viven todavía!

No son los muertos, no, los que reciben
Rayos de luz en sus despojos yertos;
Los que mueren con honra son los vivos
Los que viven sin honra son los muertos.

La vida no es la vida que vivimos.
La vida es el honor y es el recuerdo
Por eso hay muertos que en el mundo viven
Y hombres que viven en el mundo muertos.


En cuanto esta pequeña poesía llegó a manos de Julio Flórez, él la publicó en su periódico ¨Rayo X¨ sin dar crédito a Muñoz Feijoo, lo que dio a dudar que Flórez fuera su autor.

Finalmente volvió a manos de la familia Carvajal y reposa en las páginas del album familiar

Tomado del libro ¨La Poesía en Popayán¨, segunda edición, publicado en
1954

Entonces decidí publicar este tema en CUSCATLÁN, y me doy cuenta que el problema no terminaba allí, aun hay muchos que insisten que fue otro el autor (mayoría aciertan fue Bécquer) y no el colombiano Feijóo .

Si alguno de ustedes tiene información sobre el autor de este poema, ¡bienvenido sea!

Tamen
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