3/02/2010

Media Hora Con Los Beatles

San Salvador, a inicios de la década de los años 60s, tenía casi más de 400 años de existencia, y más de 150 de independencia, pero su crecimiento y desarrollo urbano había sido tan lento que cuando llegó mi uso de razón, y se abrió mi reserva de memoria, San Salvador eran tan parvulario como yo.



Había tantas calles polvosas como había pavimentadas, tantos carros como carretas, el aire era limpio, el ambiente agradable, la gente amigable y confiada.

Las noches eran oscuras y más estrelladas, los focos de 200 watts apenas alumbraban las calles, callejones, y callejuelas, pero los caminos eran mucho más seguros que los ufanos de hoy con sus luces de sodio.

No existía la Colonia Santa Lucía, ni la Zacamil, mucho menos Ciudad Credisa, ó Ciudad Merliot. En la práctica había sólo dos clases sociales: clase alta y clase baja. La gran mayoría eran conglomerados pobres clase baja, como mi familia, viviendo en olvidados mesones malolientes que pululaban en toda la ciudad.

El mesón La Bolsa, por ejemplo, se refería que tenía cien piezas, pero la pieza número cien era la letrina y baño que servía a los inquilinos de las otras 99 piezas. De allí que la palabra cien pasó a ser un sinónimo más de letrina, baño, interior, sanitario, pipi room, cagadero, etcétera.

El mesón donde mis padres y cinco hermanos vivíamos era uno de los más pequeños del pijo que había en 1-2 kilómetros a la redonda, pero mi mesón Costa Rica, propiedad de la familia Meardi, estaba céntricamente localizado enfrente de la escuela Juan José Laínez y a dos cuadras de la Joaquín Rodezno, cerca de los Bancos Capitalizador y Central de Reserva, La Mariposa, el Cochinito, el Pollo Royal, el Campo de Marte, el Parque Bolívar, la Basílica.

Diez familias vivían allí y todos tenían negocio. Había comedor -de mi madre-, talabartería, taller de mecánica, carpintería, taller de modas... nadie tenía televisión y el tocadiscos era un lujo de muy pocos, el recién introducido radio portátil de transistores era más accesible, así la música era el gran animador en la jornada diaria en ese mercado-mesón. Rancheras, tríos, mambo, cumbias, mosaicos, animaban el ambiente de trabajo duro y fiestas particulares que se daban de vez en cuando.



Mi mente impúber braceaba en la corriente de mi ambiente y aunque no me emocionaba oír los Corraleros del Majagual, ni los Tres Reyes, yo parecía disfrutarlos cuando había una fiesta.

Entonces, cuando la época navideña de 1964, los escuché por primera vez y comenzó mi párvula pesadilla...

Inglaterra, a través de la historia, ha sido un país que ha dado muchos famosos piratas pero en las artes no le dio al mundo un Miguel Ángel, un Rembrandt, un Monet, un Picasso; en la música-música no dieron un Beethoven, un Chopin, un Bach, un Mozart; y en literatura, significantemente, sólo dio a Shakespeare, y algunos eruditos ponen en tela de juicio su real existencia... En mi opinión considero que Inglaterra ha dado solamente tres aceptables legados a la humanidad: Estados Unidos, el Fútbol... y Los Beatles.

Los escuché y de inmediato me gustó su música. No sabía lo que decían pero me llegó. Pero en el mesón yo me convertí en un paria, un extraño..., pues mientras los machos adultos se ponían a verga con Pedro Infante, Javier Solís, y Jorge Negrete, las mujeres casi lloraban con las "rancheras que dan cólera"..., a la mara de mi edad le gustaba Leo Dan, César Costa, el gran canelón Enrique Guzmán y el "voz de hombre" Alberto Vázquez... con mis Beatles yo era un total extraterrestre, y las burlas y malas pasadas me hicieron alguna vez llorar... pero entonces la Radio 630 -La Monumental-, quizás en 1965, comenzaron un programa que llamaron "Media Hora con Los Beatles" todos los días de 9-9:30 de la noche.

Mi tata con su Agustín Lara, Pedro Vargas, Olga Guillot, etc..., nunca me permitió poner esa "música degenerada" en la radio de mi hogar, y mi madre tratando dulcemente de disuadirme me decía "vos no sabés si te están maltratando con esa música". Pero cual chava quinceañera, cuanto más me regañaban más me gustaban... Entonces me regalaron un radio de siete transistores esa Navidad. ¡Jamás me perdí Media Hora con Los Beatles!, que después lo extendieron a una hora.

Yo dejaba la batería del radio al sereno todos los días para que se cargara, tanteaba con la lengua y hasta que sentía que había muerto la botaba.

Jamás pude encontrar otro que le gustara Los Beatles, ni en mi mesón, ni en mi barrio Santa Lucía.

El rock latino de esos años del 65 al 67 fue dominado por mexicanos como los Hermanos Carrión, Los Yakis, Johnny Jets, Alberto Vásquez, Manolo Muñoz, Teen-Tops, Oscar Madrigal, César Costa, Roberto Jordán y otros. Fue hasta 1967-68 que con la llegada de la nueva ola comenzaron a salir seguidores beatlemaníacos, apareciendo grupos de rock guanacos copia de ellos como Los Beats (Beatles salvadoreños) de Mangandi, TNT, Supersónicos, Satélites del Twist.



En 1966 la radio YSU empezó organizando programas en vivo al público con estos grupos en sus estudios de La Cruzadilla y en el contiguo cine Deluxe a los cuales asistí muchas veces, en una de estas presentaciones en el Deluxe, vi al ahora "monseñor" Luis López, cantante de Los Supersónicos, presentar por vez primera a "Los Supersónicos Juniors", luego Lovers, creadores de Camino de Hormigas. la mejor canción que a mi parecer compuso alguna vez un salvadoreño.

Para entonces Los Beatles habían cambiado la música para siempre y hasta eran "Caballeros de La Reina"... y con ellos surgió la "primera invasión" inglesa de música rock.

Si hasta entonces la música era escuchable y bailable, me pregunto que hubiera dicho mi gente del mesón si hubiese en ese entonces escuchado el hard rock, punk rock, metal rock, alternative rock, soft rock... y todo ese chingo de variantes del ritmo creación del negro Chuck Berry, que al oír -para mí- no tienen diferencia.

Sólo quedan Ringo y Paul MaCartney sobreviviendo la era de Los Beatles y entonces pasarán a la historia como, lo que a mi parecer, es lo mejor que alguna vez dio al mundo la Pérfida Albión.

Pero el recuerdo de esa inolvidable época perdura siempre en mí.

Tamen
.