1/21/2010

La Declaración

El domingo 8 de Mayo de 1971 me hallaba en una fiesta rosa vestido de traje entero, corbata y con la patada de "aqua velva", mi perfume favorito, por ser el más afrontable. La fiesta estaba topada, música de los Three Dog Nights, Moody Blues y Credence Clearwater Revival, explotaba a través de los enormes bafles ubicados en las cuatro esquinas de la Casa Comunal de la Colonia Guadalupe, en Soyapango.



Estaba viendo bailar, disfrutando la música, y buscando chamaca, cuando en eso apareció un compañero del INFRAMEN.

"-Tenés pareja", preguntó.
"-No"
"-Entonces venite"


Yo lo seguí en medio del mar de gente y sintiendo toda clase de agradables fragancias de mujer como apestosos sobacos de hombre. Al fondo vi dos chamacas poco más o menos nuestra edad; de lejos, una parecía morena, nada atractiva, pelo negro liso hasta el hombro, que al estar cerca noté su cara marcada con pequeños hoyos, secuelas de problema de acné; sin embargo, bien vestida y maquillada, la chava aparentaba estar regularona, la otra, en la que tenía clavada mi vista, se veía preciosa de lejos y su belleza se agrandaba geométricamente conforme nos acercábamos. ¿Podría ser cierto?... Ya cerca de ella lo comprobé: ¡Era la mujer cósmica de mis Fantasías frente a mí!: 15 años, piel clara, pelo castaño, ojos color miel... Era la foto perfecta de mi sideral imagen de la mujer que deseaba... pues bien.... allí estaba... y por extraños misterios el macizo me ponía enfrente semejante tamal. Bailamos y yo le agarraba las manos, nunca pensé hubieran manos tan suaves.

Durante la fiesta platicamos, chisteamos, ella se mostraba amable y receptiva, ¡Imposible! ¡No lo podía creer!

Como a las nueve de la noche pasaron a recogerlas, pero antes de despedirnos, quedamos en vernos los cuatro el próximo sábado para ir a la inauguración de los Juegos Deportivos Estudiantiles en el Flor Blanca.

Ese día comenzó una estrecha fraterna amistad con mi amigo que ha durado hasta hoy, con esta experiencia y fracaso en mi papel de aspirante a "cachimbón pa' los culos".

En mayo, generalmente, se iniciaban los Juegos Deportivos Estudiantiles en el país, con la participación de casi todas las escuelas, colegios, liceos e Institutos en varias ramas deportivas, duraban cuatro meses, y era el básquetbol el juego más popular por las rivalidades entre los colegios de la clase alta, clase social que se segregaba en las áreas de San Benito y Colonia Escalón, en el noroccidente de la capital.

El Liceo Salvadoreño, de la Orden Religiosa de los Maristas, y el Colegio Externado de San José, de los Jesuitas, mantenían una rivalidad en baloncesto que excitaba los juegos.

Por casi siete años había visto innumerables juegos, innumerables veces en el Gimnasio Nacional, sentí y gocé esa excitación energética que emana cuando "las barras" de los colegios gritan alentando su equipo lo más duro posible. El Liceo o "los albos" era la barra más organizada, y su mascota era un símbolo de León. Ellos eran los campeones por los pasados cinco años, y en los partidos, unas 500 a 700 voces vestidas de blanco, en altos decibeles, cantaban:

"Ni por el oro del mundo
yo cambiaría ese León
por que le tengo un amor profundo
por ser la gloria de toda la nación".

"El León puede ser abatido,
pero nunca vencido... ¡Viva el León!... ¡Jodido!


Ese sábado de mayo de 1971 nos encontrábamos mi cherada, las chavas de la fiesta, y yo, en el Flor Blanca para la apertura de estos juegos. Habían reunidos casi 35 mil, en su mayoría estudiantes, era un día sábado de tarde asoleada y súper caliente. El hoy estadio Mágico González estaba lleno de pura juventud capitalina.

Los colores distintivos de los colegios se veían segregados por todos los graderíos, verde del Externado, blanco del Liceo, rojo del INFRAMEN,... etc. ¡Ella estaba preciosa y yo andaba en las nubes! Hacía una semana las habíamos conocido y mi alero se veía leguas adelante de mí en amarrar con su pareja.

El lunes siguiente fuimos al Gimnasio a la inauguración del básquetbol y campeonato relámpago. Los planes de fin de semana con mi alero, con el cual no nos separamos ni un momento, eran de amarrar ese día. Amarrar en esos parcos días significaba decirle a la chamaca más o menos éstos términos que penosamente voy a trascribir de un diario personal, donde escribí paso a paso esta historia: "Hoy es el dia "D", A.... .y yo estamos decididos a tirarles el rialazo, ¿le gustaré? ¿me aceptará? ¿y si no me acepta?. Deséame suerte amigo diario por que la voy a necesitar mucho... He decidido hacerlo como a las 6 y decirle ' R... usted me gusta mucho y quería pedirle que fuese mi novia'... directo sin titubeos"... ¡Era un total virgo!, ¡Sin imaginación!, carente de inventiva verbal, buena paja, o güiri-güiri, como decía el caliche de la mara. ¡Peor aún!, yo nunca antes me había "declarado" a una chava.



A las 6 pm. de esa tarde, sentada ella tan cerca de mí, sin maquillaje, ¡naturalmente bella!; recuerdo que por primera vez en mi vida puse mente receptiva al fresco olor de mujer y aspiraba profundo ese aliento limpio, joven y sano de esa niña-mujer de mi edad... Pero también por primera vez en mi vida, delante de esta reina, mis manos empezaron a sudar, mi temperatura corporal subió cinco grados, y comencé a sudar profuso... ¡pero sentía frío!... Era una lucha interna entre macho y marica, huevudo o sin huevos, la que se desataba dentro de mí.

Al final fui marica y me faltaron los huevos para declararme. A la salida, caminamos las tres cuadras de una calle con una enorme arboleda a cada lado, que la hacía parecer más oscura que iluminada, y que bordea el lado sur del Parque Cuzcatlán.

Yo caminaba mudo y hasta la mera mierda de enojado conmigo mismo, sabía que me había agüitado a la hora del tamal... ¡No podía dar más de lo que tenía y mi misma impotencia me humillaba! Ella también no hablaba, ¡se había portado de maravilla conmigo!, había mostrado más madurez y perspicacia que yo, me había dado por medio de la plática dos claras oportunidades de declararme: -"que espera usted de una novia" había preguntado, y yo, cortado en seco, contesté la más infantil e imprudente de las respuestas -"¿por qué lo pregunta?".

Momentos después, trayendo yo mismo el demoníaco tema de la declaración, ella lo usó para tirarme el más directo calzonazo... Sutilmente me dijo: -¡Es peligroso esperar mucho a declararse!... y yo lo entendí por que describo en mi diario que la sensación que sentí en ese momento era algo así como si hubiera tenido un corazón de 80 años con crisis taquicardica y me habría ocasionado una mortal arritmia si contestaba a lo dicho..., gracias a Dios no contesté pues quizás no estuviera contando el cuento.

Me dio una segunda oportunidad aceptando ir al gimnasio dos días después a ver un partido de básquetbol. Pero llegado el día, con mi cuatacho, nos dimos cuenta que no teníamos dinero suficiente para pagarles los $25 centavos de entrada al Gimnasio a las dos, más el nuestro, o sea, ¡no teníamos un colón! ¡Una peseta (25 centavos) era un montón de dinero para nosotros aquellos bellos años! ¿Cómo le hacíamos? ¿Podíamos postergar la cita?

Yo sentía alivio y dulzura a la idea de postergar la cita con los demonios de la Declaración. Pero en estos momentos sin salida mi parna se superaba al máximo y salía con "geniales" ideas. Así se ideó ese nefasto día una de sus muchas ¿¡maestrales!? que le conozco hasta este día y ésta fue así: Las iríamos a recoger al Central de Señoritas, caminaríamos a pie las cinco-seis cuadras que nos separaba del Gimnasio cruzando el Parque Cuscatlán; unos metros antes de las taquillas de entrada, él figuraría la manera de pelear con su pareja y mostraría su enojo negándose a entrar al Gimnasio, yo intervendría de mediador y trataría de convencerlo que cambiara de idea, mientras tanto, dejar que ellas compren sus boletos y entren solas, mientras yo estoy entretenido tratando de "apaciguarlo"…, 10 o 20 minutos después, con ellas adentro habiendo pagado su propio boleto, entonces nosotros haríamos ¡entrada triunfal! Él haría las paces con ella... ¡Y yo sería el héroe!

Contábamos con la regla general, y entre la mara se daba por hecho, que las mujeres siempre cargan chirilicas. ¡Cómo siempre resultaba, la cosa salió tal y como él lo planeó!



Ella no se pudo portar mejor, me rozaba su mano y pegó su pierna contra la mía, tan cerca de mí la tenía que sentí ese sensual aroma de mujer que despertaba un extraño y dulce estremecimiento, en algún lugar dentro de mí... ¡algo que jamás en mi vida había sentido!... Pero ésto abría también el tapón de la botella llena de demonios que se presentaron al instante: Mis manos comenzaron a sudarme de nuevo, mi frente se llenó de sudor helado, mi voz sonaba seca y cortada. Estaba seguro que si en ese momento me paraba, caería rodando hasta la cancha de básquet muchas gradas profundo abajo.

De nuevo los demonios vencieron y no me declaré. Esta vez su disgusto comenzó a ser evidente al punto de salir del Gimnasio. Jamás me dio otra oportunidad más y nunca quiso volver a verme.

Y allí se dio cuenta mi cuate que yo era un virgoleto con las mujeres, siendo sensitivo suficiente para no mostrarlo del todo, excepto con una ligera frustración al saber que no había amarrado...

Tamen
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