3/22/2009

Mujer Cuzcatleca

Durante mi reciente viaje me llevaron a un restaurant tipo gringo en el Paseo Escalón, el amigo que me llevó me dijo al suave “en la mesa de enfrente está el diputado Gallegos, es el de camisa blanca, un alto arenazi y jefe de la bancada arenera en la Asamblea”.

Pero lo primero que me vino a la mente al ver de cerca a este tipo fue la semblanza del machismo al recordar el público insulto que le hizo a la señora Costa de Rodríguez Bou, una ex arenera santaneca.

La estupidez que cometió en el incidente este diputado Gallegos, con la mujer santaneca, me asevera que las cosas tocante a la mujer y el machismo no han cambiado casi nada en el terruño.

En mis días de adolescencia y juventud de los 60s-70s la mujer era precisamente lo que Gallegos acusa resaltando sobre la ex arenera santaneca que se pasó de Arena al FMLN: Un objeto sexual.

Por años la mujer en El Salvador fue relegada al último asiento del bus nacional cuando se trataba de manejar el destino del mismo, a la mujer cuscatleca nunca se le tomaba en cuenta cuando era momento de tomar las decisiones ni aún de su propio hogar.

Hasta finales de 1970, la mujer salvadoreña tenía injustamente asignado un limitado rol en la familia y la sociedad salvadoreña: Procrear hijos, cocinar, lavar, planchar, ir al mercado, batallar con los hijos y ser usada de noche, aún en esto yo sospecho que muchas viven y murieron sin aún saber, sentir, o saborear el orgasmo.

Esa era la ortodoxa sociedad machista desde los tiempos de la quimérica “independencia” del país, donde la gran mayoría de mujeres de las áreas rurales no pasaba de labores domésticas. Se volvía más difícil cuando esta mujer era sólo embarazada y luego abandonada a su suerte con toda y su progenie, y esto aún sigue ocurriendo hoy día.

La mujer salvadoreña ni aún podía disfrutar los mismos placeres de su contraparte macho sin ser juzgadas y marcadas por ello. Si se veía una mujer después de las 8 p.m. caminando las calles del viejo San Salvador era “peperecha”, si estaba en una fiesta o lugar público y se le veía fumando o bebiendo licor era prostituta, si se la encontraba en algún restauran, bar o discoteca de noche era “de la avenida”... ella era eternamente marcada porque no se le permitían los mismos atributos destinados al varón.

Si era niña, adolescente o joven, tenía que estar siempre ayudando en la casa a su mamá y no iba a fiestas de noche como su contraparte “macho” que tenía puerta abierta. Las mujeres académicamente preparadas eran escasas y sus oportunidades de empleo casi siempre enfrentaban el reto del acoso sexual para obtener empleo o promociones, y nunca se les pagaba más que su contraparte masculino, aún cuando este era inepto comparado a ella.

A las mujeres de la clase alta las casaban para que el poder y riqueza familiar no se diluyera o denigrara...el eterno tema de las novelas.

Hoy día ciertas cosas se han superado y han cambiado. Hoy la mujer salvadoreña es participante activa en casi todas las esferas de la vida social salvadoreña, pero no pasa de participación; otro adelanto es que hoy se acepta que pueden ser tan capaces y más inteligentes que su contraparte masculino, pero sigue no abriéndosele la puerta ancha.

Están más sexualmente liberalizadas tocante a los placeres y gustos que la vida provee y ya poseen algún decir en cuanto al destino de su vida misma y de su familia pero falta mucho por llegar a ser consideradas “iguales” en nuestra sociedad..., falta mucho por llegar a comandar los destinos políticos del país, y otro tanto por llegar a poseer el derecho a las decisiones finales del seno familiar, pero el troglodita ayer representado cabalmente en el diputado Gallegos, “padre de la patria”, se ha ido para siempre y los cambios están viniendo inevitablemente año tras año.

Tamen
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