domingo, enero 24, 2021

Poema Finsemanero XXI: La Ruta De Las Flores.

Voy a cumplir 18 meses viviendo en mi tierra…. Hasta hoy, gracias al Eterno, sobrevivo esta pandemia cuidándome hasta donde se pueda… Sigo aprendiendo vitales trucos de supervivencia, con mis hoy vecinos compatriotas, tocante a cómo sobrevivir en esta semi-rural región del occidente del terruño…

Para un terriculiche pipil quién siempre ha vivido debajo de la sombra del revergo de hacinamiento citadino, entonces, de romplón, saltarse a vivir en la campiña no es ni años luz cercano a la historia de Tarzán, rey de los monos.

Viajar en la "Ruta De Las Flores" es casi la misma ruta (viniendo de México), que hace casi 600 años anduvo la familia Alvarado en su conquista de territorios en la región centroamericana.

La neta es que Juayúa no está en el mapa en soledad, hay varias ciudades, pueblos, cantones y caseríos en 30 millas a la redonda de Juayúa...

Insisto que Juayúa me cayó al pelo para sobrevivir hasta hoy esta coyuntura viral debido a que no está cerca de San Salvador, ni de Santa Ana, pero tiene muchos caseríos, villas, pueblos, que atraviesa la Ruta De Las Flores.

Kilómetro y medio de Juayúa, viajando por la R de las F hacia Sonsonate, queda la ciudad de Salcoatitán, más pequeña que Juayúa, pero famosa por la yuca, quesadilla, vistosidad, colorido, que tanto abunda en esta ciudad.

Si se sigue hacia la ciudad de Sonsonate se atraviesa primero a Salcoatitán, luego, más o menos 4 kilómetros cuesta abajo, se pasa el desvío a la ciudad de Nahuizalco… Hasta esta altitud el clima es fresco, agradable, luego entre más se baja, más caliente e hirviente se pone el ambiente.


La ciudad de Sonsonate, en el departamento del mismo nombre, y hasta 1821 era parte de Guatemala…, con su clima de oriental mediodía, no tiene mucha diferencia con la Sultana de Oriente. ¿Cuál es la diferencia entre 35º y 40º centígrados?

Mis nuevos vecinos juayuenses nos han echado la mano para aprender a tomar ventaja del medio ambiente silvestre y evitar cuando se tenga que evitar.

No hay mucha diversión para los lugareños, no hay cine, pero hay canchas de fútbol y estadio. Hay un parque en el mero downtown, típico parque o plaza herencia de la Colonia, con la alcaldía, Iglesia, negocios, pero no aún no he visto comandancia de la policía…, Para quien puede los fines de semana hay Festival Gastronómico oyendo música, viendo chavas y chotear…

En 18 meses hemos cazado 6 escorpiones negros de varios tamaños, quizás toda la familia alacrán ya que hasta hoy, han sido más o menos 2-6 pulgadas. Los descubrimos a tiempo uno por uno y no nos sorprendieron… hasta hoy..., mi esposa los tiene de trofeo en bolsa plástica en el patio.

Un perro del vecino se saltó la cerca y mató un cusuco de tamaño mediano, es el tercero y abundan por aquí… O sea, hay bastante movimiento nocturno de la fauna juayuense. Por primera vez vi una bebé culebra "zumbadora", hermosa y rechoncha.


He escuchado en primicia el triste canto del pájaro Aurora. Ya me puedo los varios canto-silbidos del sanate macho. Y después de meses ausente, regresaron las urracas, chíos y  los palomos alas orilla blanca a cantar esa pieza que la siento tan espiritual y conmovedora…, en especial, a las 4 de la madrugada.

A unos kilómetros al occidente queda la ciudad de Apaneca con sus calles empedradas, adoquinadas o mezcla de ambos. Más pequeña, pero igual a Juayúa. Apaneca es también una ciudad turística, forma parte de la Ruta De Las Flores.

Me llevaron a conocer en Apaneca un cool laberinto de flores y arbustos, donde fácilmente se pierde cualquiera. En el centro hay una campana, se puede subir a tocarla y apreciar toda el área del laberinto…, también tienen viaje en cable y cable-bicicleta a la altura de los árboles.

Más allá de Apaneca se halla la ciudad de Concepción de Ataco. Ahí termina la Ruta De Las Flores… Aún no he visitado Ataco.

Ataco, Apaneca y mi pueblo de Juayúa tienen un bajo índice de delincuencia y de infestación viral por la pandemia comparado con otras similares ciudades del occidente del país.

Como en toda ciudad pequeña, casi todos se conocen entre sí, casi siempre se sabe que está ocurriendo en el seno familiar del vecino…, para ayudarle en caso él pida y necesite ayuda…, o chusmear sobre ellos…

Igual que en todo vecindario de Cuzcatlán

Caminar es lo más barato para conocer y darse a conocer con la gente y el pueblo. Se puede caminar seguramente en estas ciudades de la cordillera de Apaneca. ¿Qué si hay maras?, por supuesto hay maras, se hallan en los cantones y caseríos de la que toda ciudad está rodeada. O sea, se encuentran más en los suburbs guanacos.

Pero yo camino…

Camino a pie en el pueblo sobre sus calles de piedra y adoquín, casi todos dicen: "buenos días, buenas tardes, buenas noches" …, unas veces con el "le dé Dios" …, aunque no se conozca o nunca se halla visto antes esa persona… Esa muestra de civismo, cortesía, costumbre, era un "se debe hacer" del pasado en la capital y más remarcable en otras ciudades interiores del país…

Fue grato darme cuenta de que aún se mantiene ese saludo, porque es.... Priceless.


En un principio fueron veredas de polvo

que se llenaron de piedra, adoquín, asfalto…, y las

veredas se convirtieron en caminos.

El camino cristianizado como calle,

así llegaron las calles, calles y más calles…

 

Estas calles y calles viven en arterias

suntuosas, desiguales, siniestras…

El bullicioso transitar es luz mística

con artefactos, animales, gentío que

reviste, recicla existencia y energía…

 

Paredes de lodo, barro, cal,

ladrillo, lámina, cartón.

Calles negras, blancas, polícromas.

Barrios nuevos, elegantes,

añejados, hacinados,

sucios, malolientes…

Todo llega con ADN.

 

Allí vive la fuerza, júbilo, tristeza,

la esperanza, la deshonra, la belleza.

Esas calles y más calles mías

rememoran un nacimiento

un aliento de vida manifiesta,

algarabía, procesiones, cofradías,

pobreza, miseria…

y el miedo, odio, venganza,

prepotencia, ambición…, no eran tan

mefistofélicos, maquiavélicos.

 

Tanto se queda. Tanto se absorbe,

al recordar esas calles, barrios,

casitas, caserones, edificios…,

donde tantos crecieron conmigo

y tantos ya se fueron.


Hoy hay calles, más calles, plenty de calles…

Tantas siguen muriendo.

Tantas continuarán…

 

Tamen

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