6/23/2012

Literatura Hispana: José Santos Chocano


A mi siempre recordado viejo le encantaba la poesía. Con un cilindro de Tic Tac, u ocho onzas de Espíritu de Caña, entre pecho y espalda, y mi tata se endrogaba recitando a Rubén Darío, Juan de Dios Peza… o José Santos Chocano… Los tres poetas preferidos de mi ruco.
Esta vez quiero compartir al escritor peruano José Santos Chocano, el poeta cantor de América.
Llevó una vida errante y turbulenta, como póstumamente se le puso de título a una de sus últimas obras: Las Mil y Una Aventuras.
Como era tradición entre los escritores y poetas en la época del romanticismo, siglos XVIII-XIX, ser diplomático para ellos era de ley. De igual forma, Chocano desde muy joven desempeñó funciones diplomáticas para su país, lo cual lo llevó a conocer y vivir en Centro América y España, ya que vivió en Madrid de 1905-1908, donde recibió la más alta acogida literaria.
Llegó a residir al futuro imperio gringolandés, en Nueva York, pero cometió el error de dedicarse hacer propaganda ideológica en favor de la Revolución Mexicana, y los gringos lo mandaron mucho a la verga..., pero sus biógrafos lo implican  simultáneamente prestando servicios a un oscuro individuo: el dictador de Guatemala Estrada Cabrera.
José Santos Chocano apenas residió en Perú; pero allí, pomposamente, y según la moda de la época, se le coronó como poeta en 1922.
Pero su vivir impetuoso marcó trágicamente los últimos años de su existencia: en 1925, disparó de muerte a una joven intelectual que lo confrontaba con ideologías políticas, y ésto le valió un año de cárcel... Al salir de la prisión se fue a Chile.
No regresó jamás a Perú.
¡Quién Sabe!
Indio que asomas a la puerta
de esa tu rústica mansión:
¿para mi sed no tienes agua?
¿para mi frío cobertor?
¿parco maíz para mi hambre?
¿para mi sueño mal rincón?
¿breve quietud para mi andanza?
-¡Quién sabe, señor!
Indio que labras con fatiga
tierras que de otros dueños son:
¿ignoras tú que deben tuyas
ser, por tu sangre y tu sudor?
¿ignoras tú que audaz codicia,
siglos atrás te las quitó?
¿ignoras tú que eres el Amo?
-¡Quién sabe, señor!

Indio de frente taciturna
y de pupilas sin fulgor:
¿qué pensamiento es el que escondes
en tu enigmática expresión?
¿qué es lo que buscas en tu vida?
¿qué es lo que imploras a tu Dios?
qué es lo que sueña tu silencio?
-¡Quién sabe, señor!

¡Oh raza antigua y misteriosa
de impenetrable corazón,
y que sin gozar ves la alegría
y sin sufrir ves el dolor:
eres augusta como el Ande,
el Grande Océano y el Sol!
Ese tu gesto, que parece
como de vil resignación,
es de una sabia indiferencia
y de un orgullo sin rencor...

Corre en mis venas sangre tuya,
y, por tal sangre, si mi Dios
me interrogase que prefiero,
-cruz o laurel, espina o flor,
beso que apague mis suspiros
o hiel que colme mi canción-
responderíale dudando:
-¡Quién sabe, señor!
JOSÉ SANTOS CHOCANO

Tamen
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