6/20/2011

Desde La Diáspora: Mi Nombre un Número

Mientras en el terruño la mara política la está regando de amores… en gringolandia los facistoides republicanos arrecian perseguirnos a los hispanos como chivo expiatorio de la crisis económica provocadas por sus guerras imperiales y que Bin Laden (QEPD) chichemente los metió, pero que hoy no pueden zafarse y están gastando 10 billones (10 mil millones) mensuales.

El estado sureño de Alabama, uno de los estados bíblicos de lo más ¡cristianísimo!, y que de acuerdo al censo ha visto un 50% incremento de hispanos en los últimos 10 años, sancionó una ley en el mejor estilo fascista.

Una ley que requerirá a los maestros, médicos y enfermeras hacerla de agentes de inmigración y reportar illegal aliens en escuelas y hospitales, también queda prohibido con penas de años de cárcel rentar apartamento o vivienda a hermanos indocumentados, aquel que le dé un jalón o raid a un indocumentado paga cárcel y multa,  y a la policía le ordena pedir los papeles a “sospechosos” de ser ilegales…

La misma ley draconiana y racista está en estudio en el congreso de Texas y otros estados "cristianísimos" del sur.

Pero... ¿Ira la cuilia, el maestro, o el médico a pedir los papos a un chele, ojos azules y pelo rubio?
Yo conocí un vergo de ilegales polacos con estas características en Chicago, los conocí en college, y tuve una de compañera polaca mojada de entre 19 que nos graduamos en la Universidad de Illinois.
Por supuesto que no los van a parar.

Yo, como ningún ciudadano gringo, no cargo conmigo prueba visible y tangible de ser ciudadano gringolandés.
En mi caso el “diploma” de naturalización es toda mi prueba pero no lo puedo andar cargando conmigo y es contra la ley fotocopiarlo, otra sería andar cargando el pasaporte, pero este vale $100 dólares y es chiche perderlo e incómodo andarlo cargando.

La única forma que no me lleven enchuchado al downtown sería que el carro patrullas lleve computadora operando y chequee mi número de seguro social.
En gringolandia no hay documento único y mucho menos cédula de identidad personal.

Existe el social security card. Esta tarjeta lleva el nombre y un número de nueve dígitos, pero no foto… este número es mi nombre en gringolandia. Para cualquier transacción comercial o legal lo primero que preguntan es este número de seguro social.
Dicen que antaño, hasta mediados de los 70s, le daban número de seguro social a cualquiera que fuera a hacer cola… ¡no pedían nada más que poder decir el nombre!... Hoy sólo a residentes y ciudadanos le dan esta tarjeta y con prueba en mano.

En los flea markets de la Calle 18 en Chicago y de la Long Point en Houston las tarjetas de seguro social y la mica de residente se ofrecen en voz alta los fines de semana, como ofrecer tomates o papas, por supuesto que chafas.
Lo que me aconsejaron cuando recibí mi social security fue que me aprendiera de memoria los nueve números y nunca llevara la tarjeta conmigo pues podía perderla y es un gran clavo que caiga en las manos de otro hermano hispano malintencionado pero necesitado de un número como yo fui cuando newcomer.

Que le roben el ss number a uno y lo use otro es la mayor desgracia que puede suceder. A inicios de los 90s, alguien usó mi número y cuando a comienzos del año llené mi declaración de ingresos, el I.R.S. (Internal Revenue Services) me auditó tres años, aunque les probé el robo de identidad.
Este número es el que le diría yo al cuilio que me pare, porque la licencia de manejar no es prueba, mucho menos las tarjetas de crédito con foto, y en este país raramente la chota acepta sobornos, al contrario, es meterse en enorme clavo sólo el intento.

Pero supongamos el raro caso que el carro patrulla no ande computadora, o no tenga wi fi ó 3G, o el chorizo racista sólo quiera joderme, y me lleva al edificio de I.C.E. en el centro de la ciudad, allí se resuelve el lío pero pierdo casi un día, un vergo de bilis y de adrenalina.
Los granjeros de Georgia ya comienzan a quejarse que los hispanos que recogían sus verduras se han ido en masa y están perdiendo la cosecha debido a la ley antiinmigrante recién aprobada… veamos si los prietos y los canchos se joden sus espaldas a la intemperie recogiendo tomates en Alabama por ocho dólares la hora.

Tamen
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