7/17/2010

Un Gringo Pipil En El Salvador

Cuando llego al terruño siempre me quedo hospedado en un hotel, lo he hecho así desde 1998, y no porque tenga los vergos de pisto, sino porque mi termostato corporal está dañado.

Bueno, al menos eso alego yo...

A pesar que tengo un hermano fraterno, hermanos de amistad, un pijo de aleros, amigos, cheros, conocidos, cuates, vivianes, majes turbios…, que sinceros o no me han ofrecido alojamiento…, yo opto por el hotel, pensión, o motel.

El volado es que cuando llego a El Salvador donde duermo debe haber algo así como room temperature, poco más o menos 20 grados centígrados, y entre menos mejor, sino yo me aso y me vuelvo algo así como zombie, ¡y por la puta! debe haber agua caliente también.

Todo es debido a que mi termostato está desconchabado.

Pero después de explicar esto del calor y el agua a mi tribu ellos me incriminan y recriminan de haberme agringado.

La verdad que en mi colonia Santa Lucía me bañaba a las seis de la mañana usando huacal de morro y agua de pila del día anterior, y solo el primer huacalazo era como el primer pijazo straight de Chepe Toño a las seis de la mañana…, porque los demás eran ricos.

Pero después de haberme bañado con agua fría por 27 años yo llego a una bella ciudad donde a huevos tengo que bañarme con agua caliente porque la temperatura afuera durante ocho meses al año raramente sube los 5º centígrados.

Durante 18 años tuve que vivir en la ciudad de Chicago en condiciones que yo hoy día, viviendo en Houston, me hago dos preguntas ¿cómo putas se le ocurrió a un terrícola asentarse a vivir en Chicago sin calefacción y agua caliente durante ocho meses al año? Y aún con hot water y heat. ¿Cómo putas pude yo vivir allí tanto tiempo en semejantes condiciones?

En Chicago lo primero que se tiene que hacer al llegar es comprarse una chumpa gruesa, guantes y bufanda, o se lo lleva a uno la gran puta empezando septiembre y terminando en junio.

Yo me digo que después de vivir sudando la gota gorda por 27 años en el terruño, el cambio brusco, pero principalmente debido al incidente que me hizo escribir ésto, causó un despelote en mi hipotálamo y le dio un golpe al hígado a mi terrícola termostato, lo cual causó una brusca e irreversible adaptación ártica.

Pero no fue sólo a mí que jodía el frío, el día de este cuento me di cuenta que aún a los aborígenes gringolandeses se los lleva la gran puta también cuando se vive en Chicago.

El 24 de diciembre de 1983 en Chicago, yo tuve a huevos que salir en medio de una gélida y anunciada ola de frío ártica rompedora de récords, de esas que acostumbran visitar Chicago y le dan el nombre de windy city. Ese día me hallaba en una parada de buses, el cielo totalmente azul, el letrero electrónico del edificio del banco enfrente se leía las 10 de la mañana, y la temperatura marcaba 22 grados Fahrenheit BAJO CERO (-30 centígrados) que con el wind chill bajaba a -38 ºF.

En Chicago esa mañana se estaba rompiendo un récord de frío de pijo de décadas y que hasta el 2010 no se ha vuelto a quebrar.

Me hallaba refugiado en la cabina de espera de la parada, evitando las ráfagas árticas que penetraban a veces mi doble pantalón y hacían aplaudir mis nalgas, ni fumar se podía con los gruesos guantes puestos.

Me pareció extraño que ese bus stop de la esquina Lincoln-Damen-Irving Park, tan frecuentada, esta mañana sólo yo me hallaba allí, especialmente en víspera de Nochebuena!… Me dije que quizás las diez de la mañana era muy temprano…, entonces un carro patrulla pasa despacio hablando en inglés por el megáfono. Yo tenía apenas dos años de haber llegado a USA y entendí sólo dos palabras que la tira decía “keep moving”. ¡Puta –me dije- yo no estoy haciendo nada malo, la onda no es con mis huesos! y seguí parado esperando el bus.

Otros largos 10 minutos pasan…, entonces llega una gringolandesa vestida igual que yo, sólo los ojos y parte del pelo tenía descubierto… Otros 10 minutos y el bus cabrón no llega… ¡de repente!, ¡la gringa cae al suelo!…, yo me acerco y la veo, tiene los ojos cerrados, pálida, y los labios morados…, sale gente del negocio vecino, la recogen, me dicen algo que sólo la palabra “move, move…” entendí, mientras se llevan a la chava adentro en el negocio.

Yo me quede afuera sin hilvanar que ondas estaba pasando, sólo me dije ¡saco! espero que no vayan a creer que le quise poner…, un ratito después llega la ambulancia…, pero el bus cabrón no llega…, se acerca un potorro paramédico y me dice en español: “Camina broder que hoy la guagua pasa cada media hora, camina a la otra parada, agarra el tren, taxi, mantente moviendo ¡Coño! ¿Qué no ves que la gabacha cayó con hipotermia?”… y se fue.

Entonces pude entender, ya había pensado en ello por eso me preparé y me sentía bien resguardado con mi pantalón, pans, calzoncillo térmico, camiseta térmica, dos suéteres, botas de nieve, bufanda, y una chumpa gruesa con Hood

... Pero mi mente entonces comenzó a traicionarme…, me dijo que si esa nórdica nacida aquí valió verga con el frío, yo, con mi sangre tropical, estaba retando al diablo, y me empecé a sentir mal…

Al chile paré un taxi y me fui de regre al chanti.

Desde ese día mi termostato está desconchabado.

Tamen
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