11/28/2008

...............LA MORAL MANIQUEA

Leí en otro blog salvadoreño un bien escrito relato de la muerte en una esquina cualquiera de San Salvador, un relato que disecaba claramente, y en escuetas líneas, el deterioro moral de mi gente. (el enlace al blog, y que me perdone el compa, se los debo, ya que no lo puedo localizar de nuevo)

Irónicamente parece que en esto de la pérdida del valor de la vida en El Salvador no estamos solos, es global, como la economía.

Los grandes están hechos mierda y nos están haciendo cambiar a los chiquitos por que “el que entre la mierda anda, algo se le pega”… y si no se le pega, pues se le mandan los misiles, aviones, tanques, y bombas clúster.

Pero las guerras generan odio, dureza del alma, y el efecto son como el asesinato en la esquina cualquiera de la ciudad salvadoreña, o el ataque terrorista que pasó hace dos días en la India.

Y estamos panza arriba cuando viene a moral, amor, fraternidad, comprensión y solidaridad..., porque estas cualidades humanas son evaporizadas en las guerras. La guerra es el principal causante en mi país que hoy sucedan cosas que antes de la guerra ni en pesadilla se veían, y es por esto que Mi Tierra hoy lleva la oprobiosa corona de ser el país con más muertes en el mundo.

Pero si fuera anglosajón ¿Cómo podría sentarme en la mesa, con mi familia, y darle gracias a Dios, cuando en Irak y Afganistán, los que he elegido se dejan manipular por inelegidos ocasionando centenas de miles de muertes, miseria, hambruna, y en el Medio Oriente están armando hasta los dientes a terroristas para que masacren y aterroricen palestinos?.

Sin embargo, al gringo parece pelarle los cojones la muerte de miles de mujeres y niños (media vez no sean los suyos), la destrucción de bienes, e imposición de bajezas morales sobre pueblos con religiones sumamente morales, media vez estén bien ellos.

Mi gente ya no es la misma, eso lo descubrí en 1999, pero en mi corazón, y en mi diáspora, sigue siendo mi gente aunque quizás ya no recemos al mismo Dios, ya que yo no puedo sentarme en una mesa con peroladas de comida, y darle gracias a Dios cuando hay miles de los míos que le piden a Dios lo mismo que yo le agradezco por darme en abundancia.

Tamen