miércoles, septiembre 01, 2021

¡El Bicentenario!... ¡Y La Gran Cortina De Humo!


Con el inicio de la gran cortina de humo bicentenaria, pues me uno a la bulla de la llamada "independencia patria", pero contándolo desde mi punto de vista personal. Hace ya dos décadas, en 2002, en Houston, Texas, escribí aquí por vez primera sobre este acontecimiento, entonces, como preámbulo, dije:

"… Esta es la manera como yo interpreto los sucesos que voy a relatar. En el prisma de versiones sobre historia salvadoreña, yo solo soy una víctima biológica de un venerado padre, pues, como él, soy entusiasta de la ciencia inexacta llamada Historia; además, como él, no soy poeta pero escribo poesía, no sé ni papa de solfa pero saco acordes a la guitarra..., ¿Por qué no escribir, ordenar y compartir una libre opinión de apuntes e impresiones sobre la Historia de El Salvador?... ¡Es una interpretación errada!... ¿Pero quién tiene la historia correcta?"

Pero todos en la cama o todos en el suelo … Contémosle a mi gente salvadoreña todas las versiones, no hagamos una sola historia oficial, despleguemos todos los puntos de vista tocante este volado y que mi gente decida, es todo lo justo.

Nunca en mis 15 años de vida escolar se me dijo que los curas independentistas estructuraban una sola gran familia española conformada por 5-7 poderosas familias de curas, jurisconsultos, terratenientes, políticos, militares…

Usemos la escuela para enseñarle el maniqueísmo de la historia nuestra, no la pendejiemos con adulterios chauvinistas, o la historia nuestra también será como la de los supremacistas raciales tejanos, que en este mero momento, whitewash su patraña prohibiendo enseñar historia gringa sin mencionar la palabra esclavismo.

Contémosle al 95% de mi gente raza mestiza su cuantía en la racista estratificación racial que existía en 1821. Vomitemos lo valeverga que han sido usados por una raza y su también religión supremacista racial para que el "amo" pueda vivir al mero estilo europeo en la América de los pueblos originarios… "Por la gracia de dios".

Démole mecha pue…

Los españoles llegaron al continente americano en octubre 1492, la gran paja de Erickson es sólo una leyenda tipo nibelunga. Ese momento de historia de 1492 inicia el cambio hegemónico mundial que se desplaza de los pueblos semitas del medio este y Asia hacía la raza blanca en Europa que desde entonces comienza a tener el dominio mundial en la nave espacial.


Pero en 1524, en América, la raza española, ya totalmente liberada de la subyugación política islámica que los moros ejercieron sobre ellos por casi ocho siglos, estaban enviando buques y hombres en toda América en afán de conquista, poblar y robar todo el oro de américa que pudieran… O sea, un completo saqueo.

Fue en el mes de junio de 1524, la familia Alvarado partía de la chapina ciudad de Ixinché, capital de la tribu Cachiqueles, la primera campaña contra Cuzcatlán para conquistarla y subyugarla.

Los malinches de ayer siguen existiendo hoy pues los españoles eran apenas cientos en la expedición, pero contaban con cuantiosos miles de indios mejicanos y chapines, que por rivalidades y odios contra su hermano vecino, se unían a los españoles contra sus mismos hermanos pipiles cuzcatlecos con quienes habían convivido por siglos...

Algunas cosas nunca cambian. El divide y vencerás siempre ha sido la pureza de la derrota

La familia de Alvarado comenzó la masacre en Escuintla (Itzcuintlán), donde hizo pasar a cuchillo toda la población, a finales de junio atravesó el Río Paz (Paxa) penetrando el norte del territorio cuzcatleco, a la hoy mera Ruta De Las Flores.

El primer poblado que encontraron fue Nahuizalco (Mojicalco), pero estaba desolado, los habitantes se habían escondido en los montes, lo mismo sucedió cuando llegaron a Izalco. En las afueras de esta ciudad, cuenta Santiago Barberena, fue donde el líder de la familia Alvarado, don Pedro, sin aún haber ganado una sola batalla, exigió a los locales a someterse a España… ¡Así de chiche!

Pasaron pueblos vacíos de gente en la zona, pero en Acaxual los españoles hallaron la primera resistencia abierta de tribus pipiles.

Los guerreros Pipiles llevaban corazas de algodón acolchadas que cubría todo su cuerpo, para una batalla militar éstas eran bastante pesadas e incomodas y si caían ya no se podían levantar. La derrota fue total.

En esta primera batalla cayeron heridos varios españoles. Una existente carta de Pedro de Alvarado a Hernán Cortés, en México, narra que él mismo fue herido en la pierna izquierda producto de un flechazo pipil.

Una segunda batalla sucedió en Tacuzcalco, Sonsonate. Los pipiles esta vez usaban lanzas de hasta cuatro metros de largo y era más numeroso que en Acaxual. Los españoles eran 250 y contaban con casi seis mil indios auxiliares.

Pedro de Alvarado, aún sanando de su herida, y no pudiendo combatir, distribuyó sus fuerzas en cuatro cuerpos de ejército y puso a la cabeza de cada ejército a sus cuatro hermanos... La familia esperó el combate... La batalla duró pocas horas con muchos indios muertos y heridos, los vencidos y diezmados huyendo a los montes y colinas.

Era una lucha desigual, como sería lo mismo hoy si le hacemos la guerra a los gringos. La tecnología de la pólvora, una invención china, había generado arcabuces para matar a distancia con más precisión que flechas y lanzas, artefacto que los pipiles ni en sueños sabían existía.

El más claro ejemplo de la ignorancia tecnológica del momento es que no conocíamos ni los espejos.

¡Espejito, espejito! ¿quién es la raza más bonita?

Un paréntesis aparte requiere hablar del Atlacatl, nuestro predilecto cacique pipil.

¿Un nombre, un título, un hombre, o un mito?

Pedro Alvarado en su carta a Cortez, menciona que la familia española penetró por fin al Señorío de Cuzcatlán cuando llegó a la ciudad de Ateos (Atehuán)… Aún hoy existe esa ciudad donde dice el historiador Santiago Barberena la población recibió amistosamente al caudillo español, más familias y los guerreros, estando aquí, Pedro de Alvarado recibió emisarios del cacique de Cuzcatlán, que la tradición le ha puesto el nombre de Atlacatl, pero, ¡increíble!, éste ofrecía su obediencia y la de sus vasallos al rey de España, o sea, ¡sin una lucha!, Atlacatl, se rendía a los españoles!...

El mito del "valiente" Atlacatl, que irresponsablemente ha sido inmortalizado en pinturas, esculturas, murales, cantos, poemas, aún en poses lanzando una flecha en Acaxual a Pedro de Alvarado, y al cual "lo deja cojo para toda su vida", es solamente eso: un patriotero mito.

El histórico Atlacatl, según el historiador Barberena (que algunos académicos como Jorge Lardé y Larín ponen en duda su existencia y dice sólo era una denominación) dice existió, pero era un cacique dócil, afable y carácter débil.

Para mi, el famoso Atlacatl es un símbolo que no hace daño a nadie. Mi padre una vez me comentó "está bien así, cuando no daña a nadie"

Don Pedro aceptó la invitación de Atlacatl y se trasladó a la capital de Cuzcatlán donde se hospedó en el mismo palacio del cacique Atlacatl, según Santiago Barberena, pero aún siendo así, tan bien recibido por los cuzcatlecos, no duró mucho su hipocresía y sus verdaderas intenciones: El oro.


La Otra Cara de la Historia

Leamos como narra alguien que vivió y vio los hechos: Fray Bartolomé de Las Casas, quien en su tratado de "La Destrucción de las Indias" lo cuenta así:

"De infinitas obras horribles que en este reino hizo este infelice malaventurado tirano y sus hermanos, porque eran sus capitanes no menos infelices e insensibles que él con los demás que le ayudaban, fué un harto notable, que fué a la provincia de Cuzcatlán, donde agora o cerca de allí es la villa de San Salvador, que es una tierra felicísima, con toda la costa de la mar del Sur, que dura cuarenta y cincuenta leguas; y en la ciudad de Cuzcatlán, que era la cabeza de la provincia, le hicieron grandísimo recibimiento, y sobre veinte o treinta mil indios le estaban esperando cargados de gallinas y comida.

Llegado y recibido el presente, mandó que cada español tomase de aquel gran número de gentes todos los indios que quisiese para los días que allí estuviesen servirse de ellos y que tuviesen cargo de traerles lo que hubiesen menester. Cada uno tomó ciento o cincuenta, o los que le parecía que bastaban para ser muy bien servidos, y los inocentes corderos sufrieron la división y servían con todas sus fuerzas, que no faltaba sino adorarlos. Entretanto, este capitán pidió a los señores que le trajesen mucho oro, porque a aquello principalmente venían.

Los indios responden que les place darles todo el oro que tienen, y ayuntan muy gran cantidad de hachas de cobre (que tienen, con que se sirven) dorado, que parece oro, porque tiene alguno. Mándales poner el toque, y desque vido que era cobre dijo a los españoles: "Dad al diablo tal tierra; vámonos, pues que no hay oro, y cada uno, los indios que tiene que le sirven échenlos en cadena y mandaré herrarseles por esclavos"… Hácenlo así y hiérranlos con el hierro del rey por esclavos a todos los que pudieron atar, y yo vide el hijo del señor principal de aquella ciudad herrado. Vista por los indios que se soltaron y los demás de toda la tierra tan gran maldad, comienzan a juntarse y a ponerse en armas. Los españoles hacen en ellos grandes estragos y matanzas y tórnanse a Guatemala."

Pero la familia Alvarado no logró conquistar de facto la tierra cuzcatleca. Muchos pipiles murieron en ese primer asalto, incluyendo nuestro legendario Atlacatl o "Señor de Cuzcatlán" (según Barberena); así como también muchos pipiles huyeron a los "montes y sierras cercanas". Lo que se llegó a nombrar siglos después como "Lomas de Candelaria" y las faldas del Volcán de San Salvador fueron refugio para miles de cuzcatlecos, entre ellos muchos guerreros que esporádicamente bajaban a Cuzcatlán y atacaban a los invasores extranjeros...

Para agravar la situación, un riguroso invierno obligó a los conquistadores, después de permanecer en Cuzcatlán por 17 días, a regresar a Ixinché, en Guatemala.

Una segunda campaña para conquistar Cuzcatlán se hizo necesaria y se inició a finales de 1524, capitaneada por Diego de Alvarado, segundo en línea de dicha familia.

El Adelantado español Pedro Alvarado fue procesado en las cortes españolas por las masacres que desató en Cuzcatlán; él se defendió con el pretexto de los mensajeros muertos y fue exonerado de los cargos en 1529. Gracias a este proceso se saben sus correrías que tantas vidas cuzcatlecas acarrearon.

Doce años después, en 1541, el caudillo de la familia Alvarado falleció en el estado de Jalisco, cerca de Guadalajara, huyendo de guerreros indios que lo acosaban. Iba adelante su escribano Baltasar Montoya que halaba su caballo en una empinada, y debido a lo rocoso de la subida, su agotado caballo resbaló y se lo llevó consigo cuesta abajo.

A raíz de estas heridas Alvarado falleció el 29 de junio de 1541.

Tamen

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