2/04/2012

Lo Nuestro: César Vallejo

El libro Heraldos Negros de este escritor me regaló una señora vecina de mi colonia Santa Lucía cuando me gradué de bachiller del INFRAMEN en 1971.

Nunca había oído o leído nada de él porque nunca se me enseñó en la escuela... y no creo que hoy día se enseñe sobre Vallejo... ¿Porqué?... mi papá me decía que fue porque era comunista y las dictaduras del complejo militar oligárquico gringo pre guerra, que tiranizó mi tierra y provocó la guerra, no lo permitían... ellos enseñaban y vanagloriaban a los poetas y escritores del alpiste aunque fuesen mediocres... y lo siguen haciendo.

César Abraham Vallejo Mendoza nació en Santiago de Chuco, Perú, en 1892. Creó un mundo poético donde predomina el ámbito familiar, el dolor cotidiano y la muerte. El mundo transformado en una cárcel para el hombre. La miseria sufriendo los pobres debido al ambicioso y egoísta sistema capitalista.
       

Varias corrientes influenciaron sus obras como el Modernismo, Vanguardia, la poesía social, y los acontecimientos históricos.
Nació en una familia pobre, que con esfuerzos pudo afrontar ingresara a estudiar a la Universidad de Trujillo, una ciudad, que por entonces era frecuentada por escritores, periodistas y políticos rebeldes, estos lo estimularon en su vocación poética.
Su primer libro "Los Heraldos Negros", apareció en Lima en 1919 y, en 1920, se ve envuelto en disturbios que lo tuvieron en la cárcel por tres meses. En 1927 se ve firmemente comprometido con el marxismo y su activismo socio-político.
Entre sus obras están Los Heraldos Negros (1919), Trilce (1922), Reflexiones al Pie del Kremlin -ensayo- (1931), España, Aparta de Mí este Cáliz (1938), y póstumamente Poemas Humanos (1939)
LOS HERALDOS NEGROS


Hay golpes en la vida tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!

Son pocos, pero son...Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún plan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre...¡Pobre...pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como un charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida tan fuertes... ¡Yo no sé!


Tamen
.