12/30/2008

EL FARO y el Holocausto Palestino

No acostumbro a poner reimpresiones, pero esta vez me pareció correcto hacerlo siguiendo mi identificación con el sufrimiento del pueblo palestino y su Holocausto que sólo el que está ciego no quiere ver está sucediendo.

Este es un artículo del día ayer publicado por el medio que yo estoy casi seguroe se perfila llegar a ser el lider de la nueva realidad periodística que se avecina en mi terruño.

CONTANDO MUERTOS

por Carlos Dada

El 2008 lo despediremos contando muertos. Muertos palestinos, que ya son tantos, y desde hace tanto tiempo, que se han vuelto una de las costumbres más perversas del mundo.
La primera jornada de trabajo de la aviación israelí sobre Gaza, el pasado fin de semana, segó la vida de 280 personas. Es el principio, ha advertido el Ministro de Defensa, de una ofensiva que puede durar varias semanas.

Se refería a la ofensiva militar. La otra, la del cerco, la del asfixiamiento de la población de esa franja, lleva ya varios meses. Dice Israel que ahora ataca para evitar el lanzamiento de cohetes palestinos hacia su territorio. Que Hamas, el partido político palestino que legítimamente gobierna Gaza tras ganar las elecciones, es un grupo terrorista que no ha impedido los ataques. Israel, otra vez, se defiende.

Es el fin de una tregua parchada que duró demasiado poco. Apenas cinco meses. Es la última cruz de una población diezmada por el hambre, la pobreza y el aislamiento. Cercada y encerrada, sin opciones para esquivar las bombas y salvar la vida. “Israel tiene derecho a defenderse” dijo el sábado un vocero de la Casa Blanca.

La tregua no la rompieron los cohetes palestinos, sino Israel, el 5 de noviembre, cuando lanzó un ataque “preventivo” contra Gaza y cerró todas sus fronteras impidiendo el paso de ayuda humanitaria.

Sara Roy, una profesora de Harvard, ha sacado algunas cuentas que publicó en la London Review of Books: En noviembre, un promedio diario de 4.6 camiones con comida ingresó a la franja de Gaza, comparado con un promedio de 123 en octubre de este año y 564 en diciembre de 2005. Los dos principales proveedores de alimentos en Gaza son la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA). Sólo la UNRWA alimenta aproximadamente a 750,000 personas en Gaza, y requiere 15 camiones de alimentos diarios para hacerlo. Entre el 5 de noviembre y el 30 de ese mismo mes sólo ingresaron 23 camiones, alrededor del 6 por ciento del total necesario; durante la semana del 30 de noviembre recibió 12 camiones, o el 11 por ciento de lo requerido. La UNRWA se quedó sin alimentos durante tres días de noviembre, con el resultado de que en cada uno de estos días 20,000 personas no pudieron recibir su ración programada.

El cerco ha impedido el ingreso de medicinas, gas, zapatos y hasta repuestos para las plantas de agua. La mayoría de las panaderías han tenido que cerrar debido a la falta de gas, y los bancos también han cerrado porque Israel ha impuesto un bloqueo a las transacciones bancarias con Gaza.

Ya en estas circunstancias, antes de los bombardeos, la situación era desesperada para los habitantes de Gaza. Ahora, narran los corresponsales británicos, el paisaje es macabro. Los hospitales no se dan abasto para atender a los heridos y ni siquiera tienen los medicamentos ni el equipo básico para ayudarles. Los cadáveres se van apilando en los corredores porque no caben en la morgue, y los heridos, aceptan las fuentes hospitalarias, seguramente morirán en las próximas horas. Los hospitales no tienen energía eléctrica y se les termina el agua.

“La situación ahora para los hospitales –como para todos los habitantes de Gaza – es como ser sometido lentamente a la hambruna, el estrangulamiento y la privación de oxígeno, y luego que tu cabeza sea sumergida y mantenida debajo de agua”, escribió Andrea Becker, columnista del periódico londinense The Guardian.

Israel está rematando un genocidio en Gaza, ante la mirada complaciente de occidente. Sobre todo Estados Unidos.

El Salvador, con un humillante record de apoyo al Estado israelí en Naciones Unidas, no ha querido quedarse atrás. La canciller salvadoreña visitó Jerusalén a principios de mes para reunirse con varios funcionarios israelíes. Frente a las cámaras, Argueta de Barillas declaró que las relaciones con Israel “han sido sumamente provechosas, porque compartimos valores, principios, retos y objetivos comunes”. Difícilmente pudo haber sido peor el momento para decir que compartía valores y principios con Israel.

Mientras Argueta se tomaba la foto en Jerusalén con su homóloga Tzipi Livni, en Nueva York la oficina del Secretario General de la ONU, Ban Ki Moon, hacía público un comunicado en el que condenaba el bloqueo impuesto por Israel a Gaza, y revelaba que el Secretario General había llamado al Primer Ministro israelí para pedirle que abriera inmediatamente las fronteras. “El Secretario General destacó la importancia de que Israel permita urgentemente la entrega de ayuda humanitaria a la población civil de Gaza, y lamenta que sus llamados no hayan sido escuchados”, decía el comunicado.

La UNRWA revelaba ese mismo día que la mitad de la población de Gaza ya no tiene alimentos y que la población civil sufre escasez de agua potable y carece de electricidad y combustible. El bloqueo de Gaza “es inaceptable y debe detenerse inmediatamente”, dijo el subsecretario General de la ONU, John Colmes, en otro comunicado.

Ese mismo día, algunos de los principales medios de comunicación del mundo, como la BBC de Londres o el New York Times, interponían una demanda judicial contra Israel por negarles el acceso a la franja de Gaza. Los medios de comunicación querían entrar para confirmar la información de las agencias: los hospitales sin energía para operar; los habitantes sin alimentos ni medicinas; la dignidad atropellada por los funcionarios que estrechaban la mano de Barillas. Israel negó la entrada a los medios de comunicación, porque no quiere testigos de sus crímenes contra la humanidad.

La mitad de los pobladores de Gaza son menores de edad. Son ellos los que sufren las consecuencias de un conflicto desigual que hace mucho se asemeja a Numancia sólo que estos pobladores, los de Gaza, son refugiados.
De Israel, dijo la canciller salvadoreña, queremos lecciones, introducir el sufrimiento del pueblo judío en el sistema educativo nacional para “ver cómo podemos aprender de esto para construir una sociedad más tolerante, poder vivir en paz y en armonía con el resto de la humanidad”. Esto es lo que la canciller pretende que los niños salvadoreños, herederos de unos ejemplares acuerdos de paz, aprendan de la mano de los israelíes. Seguramente los niños salvadoreños no aprenderán, porque no se incluirá en el paquete de lecciones, los acontecimientos posteriores a 1948.

Gaza es hoy un gueto, en camino a convertirse en un campo de concentración. Peter Falk, el enviado especial de Naciones Unidas para evaluar la situación de derechos humanos en Gaza, pidió hace unos días, antes de los bombardeos, que “la Corte Penal Internacional investigue la situación (en Gaza) y determine si los líderes civiles israelíes y los comandantes militares responsables por el sitio a Gaza deben ser enjuiciados y perseguidos por violaciones al derecho internacional”. Falk, un estadounidense, profesor de Princeton y judío, dice que “no sé de nada que se asemeje a esta situación. La gente habla del gueto de Varsovia como el análogo más cercano en la historia moderna”. Mientras escribo estas palabras, la BBC informa que Israel acaba de bombardear la Universidad de Gaza. Ya el domingo había asesinado a una docena de estudiantes de secundaria que hacían cola esperando transporte. “Daños colaterales”. Eso, nada más. Muertos palestinos, que ya son tantos, y desde hace tanto tiempo, que contarlos se nos ha vuelto una costumbre macabra.

tomado de El Faro.net

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