8/17/2008

Recordando a Mi Padre

Mi padre escribió esta prosa, uno de tres artículos que le publicaron en el Diario de Hoy en los años 60s y 70s. Pero él murió orgulloso de este, su preferido, y como su escrito lo demuestra, mi padre, como yo, amamos la campiña.

LA NATURALEZA Y EL HOMBRE

La selva está virgen, la maleza abunda, corpulentos árboles la cubren, es la guarida del jaguar, anida a las aves; en los paredones encueva el bellísimo talapo; en los abruptos peñascos procrea el inmundo zope, y en los ramajes la torcaz paloma, en fin todos los animales... la tierra es fuente de vida, hay que labrarla, el hombre la hiere con hacha, corvo, o el tractor maligno.

Estrepitosamente cae el árbol centenario, sigue el bregar, el trabajo es duro y con armas en mano golpea y golpea, y ante el empuje férreo, la selva en vano intenta resistirse pero se doblega. La comarca se estremece. El trabajador sudoroso sigue en su afán, por la vida se lucha, para vivir se trabaja. L tierra se descuaja antes que llegue la prodigiosa primavera. ¡Y no hay selva! ¡Se terminaron las plantas!

Los animales huyen... las palomas abandonan el campo y se ven en el horizonte como las nubes que el viento sopla, volverán de vez en cuando... pero ya no en bandadas. El cusuco huye, veloz el conejo corre, ya no se admirará el amarillo color de la chiltota, el zenzontle, con su trinar, ya no anunciará el alba; y cuando el ocaso baje y todo sea tinieblas, no se oirá la tétrica ululación de la lechuza y el no menor ulular horrorizante del búho. El tacuazín se esconde acechando la llegada de quienes le proporcionan alimento y también en un descuido le privaran de la vida, todos apresuradamente buscan refugio y alimento en el vecino monte y en su fuga preguntan ¿Qué pasa? ¿Quién viene? Alguien contesta: Es el señor de la tierra, dueño y amo del mundo, el HOMBRE, quién todo lo hace, todo lo puede, y también el sólo se destruye. Es infatigable, denodado y valiente, se enfrenta a las vicisitudes; en la intemperie trabaja, con el sol de frente o a su espalda, es lo mismo. Duerme casi al descubierto, su cama es un tapexco, su cobija un bramante, ¿Su alimento?...

Aún sigue su lucha contra la tremenda suerte; terminado el descombro, con los bueyes tira el arado, la tierra convulsionada e inerte está en la espera de la simiente. Cansado y sudoroso, con su fiel perro, el corvo, su tecomate, llega a la choza a esperar las primeras lluvias y al observar la región, oye el canto del guaco, que según la tradición, es el primero en anunciar la llegada de las benditas aguas celestiales, éstas no se hacen esperar, llegó su tiempo. El relámpago parte la nube e ilumina el firmamento; al trueno la tierra se estremece, cae la lluvia y baña, baña, baña. Tiene abiertas las entrañas, el labriego se apresura, tira la semilla, crece la planta, aparece el verde césped, las flores y el campo se cuajan de rocío. Luego... frutas, maíz, frijoles, arroz, todo se produce mediante la mano del Hombre y la Naturaleza.

Extenuado, mira a su alrededor, el taburete, el lodo seco cuarteado de la hornilla, el tapesco, acolchonado de hojas, y una marimba de carne y hueso que lloran, que piden, que necesitan...

El fruto de su trabajo no le alcanza para cubrir lo más imperioso para su prole; y anonado por lo que alcanza a ver y oír, se acuesta en su "cama" y medita: ¡SEÑOR DIOS DE PIEDAD!... Tú que todo lo miras, que todo lo haces, que curas los enfermos, levantas a los inválidos, enséñale piedad al avaro, guía por el sendero de la verdad al potentado, mira la campiña, con hijos famélicos y enfermos, por esto imploro tu ayuda. ¡OH! Gran Señor del Universo, que proporcionas a cambio de mi sudor, lo necesario para vivir yo, mis hijos y los hijos de mis hijos; y así cansado y agobiado, bajar al sepulcro para ser devorado por las larvas y convertirme en abono de la ¡MADRE TIERRA!.


Pero en los 90s, el escrito de mi padre me inspiró a escribir esto:

MI TIERRA

¡Cómo extraño Mi País!
su aire, su campiña, su bella gente,
es mi pueblo de vida inocente,
¡Cómo extraño mi raíz!

Su cocina es su comal,
su alimento su maíz,
y aún viviendo mal,
parecen vivir feliz...

Con el gallo se levantan
y no conocen la pereza,
lejanas leguas caminan,
con el cántaro a la cabeza...

Con su cipote a su lado,
el hombre guía su arado,
hiriendo la madre tierra,
va semillando la zanja,
con fe y esperanza,
y el cipote la entierra...

Inocentes niños de mi color,
con sus panzas prominentes,
llenas de lombrices candentes,
pero ellos callan su dolor...

Muy lejos, lejos de la granja,
se oye ruido malvado,
muy lejos está la esperanza,
lo perverso y el pecado...

Pero aquí sólo se oye la perdiz,
el zenzontle y la golondrina,
ruidos de Mi Tierra divina.
¡Cómo extraño Mi País!
Tamen