9/28/2017

Memorias de Un Desmigrado: El Todólogo – Primera Parte

Como la mayoría de salvadoreños en la diáspora que llegamos antes, durante y después de la guerra, cuando viene a trabajar le hemos hecho a todo, muchos somos todólogos, yo no soy excepción. Después de 36 años en gringolandia, contando meses, preparando maletas para mi retorno al terruño, pues sacando pecho manifiesto que he sido un clásico todólogo guanaco a toda honra. Y aquí le va mi rollo.

Estudié medicina en el terruño pero cuando llegué a USA la necesidad metió mi orgullo en mi chiquito. Ni idea de qué iba trabajar en USA tenía ese día de febrero en 1981 cuando en Matamoros doblaba el ruedo del pantalón hasta la rodilla, con zapatos en mano, asegurándome que la foto de mi esposa con mi hijo de cinco meses estuviera en la bolsa de mi camisa, next to mi corazón, comencé a saltar de piedra en piedra en el río Bravo pasando de "Méjico lindo y querido", pero tan lejos de Dios como mi terruño..., a gringolandia, entonces como hoy amo y señor de este lado del charco en la nave espacial.

En mis entonces 26 años de vida, a excepción de Esquipulas en 1969, jamás había estado fuera de mi terruño ni había viajado en avión.

Llegué en los últimos tramos de un light invierno a Chicago, estaba ansioso por ver caer y tocar la nieve... Pero tuve que esperar hasta noviembre.

Pasé dos meses desesperado sin hallar jale, ganando peso, saliendo del raquitismo que traía. El primer paso positivo que hice fue dejar de chupar, el segundo inscribirme en un curso gratis de inglés en un community college... en este mismo junior college, seis años después, ganaría mi primer diploma gringo: associate degree en "estudios generales".

Después de dos meses y 20 libras más, mi broder, que ya tenía 12 años de vivir allí, hoy viviendo en otro Cuadrante, me consiguió mi primer trabajo: delivery boy en un céntrico restaurante llamado Grand Deli en el downtown.

Fue el segundo trabajo de mi vida..., un esporádico supernumerario de cuatro meses en Freund Escalón, 1975-76, el primero.

Como delivery boy, usando un número de seguro social del asesinado hermano de un amigo de mi hermano. Me llamaba Arturo. Mi salario era $3.35 por hora, consistía en llegar a las 9 am, llenar de cerveza y sodas dos refrigeradoras, limpiar los dos baños, pasar la aspiradora (otra primicia de mi vida), bajar, ordenar sillas, mesas. La mara gringolandesa comenzaba a llegar para lunch desde las 11 am... Entonces venía lo más vergón: llevar comida, recibir propina y fumar.

Comencé a conocer fuera y dentro casi todos los grandes edificios del downtown como el ex Standard Oil Building, Sears Tower, John Hancock Center... El Grand Deli era bien conocido y los customers que ordenaban delivery daban buena propina... No tenía que decir nada, sólo entregaba la bolsita, ellos leían el recibo, pagaban y nunca pedían el cambio..., o yo me hacía el maje.

Una o dos veces al mes alguna compañía cercana decidía hacer "almuerzo de trabajo", mandaba pedir un vergo de comida como Rubens, Cheese Burgers, Sloppy Joe, Mass and Balls, más bebidas... lo que me obligaba a usar una carretilla..., mala suerte no había cell phones con cámara para verme empujando el two wheeler con el pijo de faje en las más transitadas calles del downtown de la ciudad de Alfonso Capone y Frank Nitti…. Estas compañías se mandaban porque me daban propina de 20-30 dólares.

Me dije que si este es el trabajo que el orgulloso europeo americano no quiere hacer por bajero y barato, o el afroamericano porque lo considera "mal pagado", en mi tierra hay miles de mis compas que lo harían eficientemente y con ganas.

Este trabajo venció mi miedo a viajar en el tren elevado y el metro de Chicago y me obligó a conocer "la ciudad de los vientos"…. Mi temor era pasarme la estación e ir a parar al sur, el barrio de los afros.

A pesar que había estudiado inglés toda mi secundaria e Inglés I, II y III en la Universidad, yo no agarraba más que una o dos palabras y usaba esto para llenar todo el vacío que pensaba el gringolandés me quería decir. Me desenvolvía mejor leyendo porque básicamente es lo que en la UNAES me enseñaron.

Vivía con mi hermano, su familia, cada día llegaba con 15-30 bolas de propina. Trabajé cinco meses de delivery boy ganando el mínimo de 3.35 la hora, pero la propina engordaba el cheque.

Empecé inmediatamente con una peligrosa mañita donde me jugaba la Jules Rimet: meter dinero efectivo envuelto con papel aluminio más una foto en cartas ordinarias enviándolas a El Salvador… Nunca me falló... Una de las pocas que me la jugué y gané... Mi plan era traer a mi esposa e hijo en un año y era el ahorro.

En septiembre 81 comencé a trabajar en la Sargent Welch Scientific Company en la ciudad de Skokie. Aquí sostuve mi primera entrevista de trabajo en puro inglés donde el larguirucho bolillo, que iba ser mi supervisor, me explicó mis duties…, pero no entendí ni papa... Mi sueldo sería $4.71 por hora.

Seguía llamándome Arturo. Mi trabajo era llenar y cambiar aceite cada día a casi 100 bombas de vacío de diferentes tamaños. Me ofrecieron todo el overtime que quisiera, aproveché para meterles la molonga trabajando 10 horas diarias y seis cada sábado…

Apresuré a meter semanalmente billetes no de 20 sino de 50-100 más la foto con sobre de estampillas de 25 ctvs., aún cuando estaba caliente el escándalo de los robos en las cartas certificadas por el coronel director de correos y su secretaria... tuve cuidado nunca enviar carta certificada con dinero… Me puse en los zapatos del malacate de correos y estaba seguro una pinche carta con foto jamás iba tener feria…, deducía no la abrirían… Así envié en casi un año alrededor de mil dólares de aquellos días.

En diciembre, antes de Navidad, ¡me compré el primer carro de mi vida!, un automático Ford Mercury Capri 1971 por 150 dólares.... ¡Puta!, hacía un año andaba en zumba,hoy tenía carro… pero fue cuestión de necesidad..., en gringolandia el vehículo es necesidad.

Skokie, entonces una villa hoy ciudad, queda al noroeste de Chicago. Para llegar allí tenía que tomar tres buses, comenzaba a trabajar a las 7 am así que tenía que levantarme a las cinco de la madrugada. Conseguí un raid de 10 dólares por semana pero el amigo llegaba a las 6 am al punto de recogida y quién no estaba se quedaba… eran 20 bolas de taxi casi dos días por semana porque me levantaba tarde…. Compré carro y medio se alivió porque atenido me levantaba más tarde.

Nunca había manejado en mi vida, pero el mismo cuate salvadoreño que conocí en el trabajo y que me vendió el carro, me dio dos días clase de manejo. Era un salvadoreño a toda madre pero malcriado el hijo del maíz, el primer día de escuela de manejo me vio ansioso, inquieto, nervioso y para calmarme me dijo "en dos días lo vas andar manejando con la punta de la verga".

Pero el Capri 71 tenía un problema grave, por eso costaba 150... No tenía calefacción y sin calefacción cuesta, o no se puede, vivir en Chicago. Además que tenía un pequeño agujerito en el piso donde está el pedal del freno, y allí entraba en ráfaga el gélido viento invernal... El Capri era carro sólo para el chicaguënse verano de tres meses.

Cuando familia o amigos se encaramaban en mi carro de antemano advertía arroparse bien y evitar hablar, respirar bajo, pues se nublaba el vidrio de enfrente y no se veía nada. Generalmente sólo se montaban una sola vez.

Y esas ráfagas congelantes que penetraban en el agujerito acalambraban mi pata. Un día le puse chicle, encima la alfombra, y amilanó el problema. El Capri me duró cuatro meses, luego se arruinó el fly wheel, me dijeron, allí murió mi primer carro.

Pero entonces ya no trabajaba para Sargent Welch. Unas semanas atrás habían puesto un aviso en toda la factoría que iba llegar inmigración y quien no tuviera papeles mejor se fuera voluntariamente… Yo me fui, pero algunos se quedaron, la regaron porque en efecto llegó la migra.

Mi cumpleaños me halló sin trabajo cuando más lo necesitaba, pero tuve el mejor regalo en mis 28 años vividos.

Sucede que todo este tiempo había estado ahorrando centavitos con mi esposa para los gastos del día y ahorro para el viaje a USA…., pero no sabía cómo putas los iba mandar a traer, sólo le pedí tuviera listos los pasaportes... Entonces El Eterno se fijó en mí.

En esos bellos días finales de abril 1982 que estuve desempleado un amigo chapín me dijo que si tenía 1500 dólares me traía mi familia desde el Distrito Federal. Tenía sólo cuatro días para decidir porque se iba. Esa noche puse cita telefónica con mi esposa en ANTEL y le dije comprara pasaje a México.

Me aceptó tres pagos mi amigo chapín... Yo también había ahorrado... La diferencia de no chupar ni mujerear.

Don Luis Cano era un mexicano de San Francisco del Rincón en Guanajuato a toda madre. Para entonces tenía 60 años, me había ganado su aprecio y cuando debido a un pleito con la mujer de mi broder a cinco meses de mi llegada este me pidió buscara donde, don Luis Cano me dio donde.

Era mi roommate y coworker, con él pagábamos la renta y trabajábamos juntos. Su mujer recibió a mi esposa y mi hijo en el DF donde llegó a traerlos mi amigo una semana después de la oferta de traerlos.

En mayo 1982, cuando estaba sin trabajo, recibo entrega a domicilio a mi familia después de 14 meses separados.

Siguió lloviendo la suerte pues poco después conseguí trabajo con un subcontratista potorro. Esta vez me pagaban $5 la hora.

El trabajo era limpiar un salón de belleza en el downtown todos los días. Llegaba a las 10 de la noche y durante 2-4 horas sacudía muebles, juntaba y recogía el vergo de pelos de todo color, luego barría, trapeaba, y una vez cada dos semanas hacía algo nunca había oído ni visto, "bufeteaba" la parte que tenía piso de ladrillo y luego enceraba. Me pagaban por seis horas.

Dos cuadras más abajo del salón de belleza se hallaba uno de los más famosos hoteles de Chicago, el hotel Drake.

Trabajé en el salón de mayo-agosto porque conseguí trabajo de Lobby Porter en el Drake Hotel, donde comienza the magnificent mile, en la avenida Michigan, enfrente del famoso Playboy Building, Lake Shore Drive, del lago Michigan.

Aquí me pagaban menos, $4.85, pero tenía beneficios, vacaciones, seguro de salud, etc., Usaba uniforme que parecía pingüino: chaleco, corbata y pantalón negro, pero el hotel proveía dos uniformes y el lavado de ello. Mi trabajo consistía en mantener limpio el Lobby o el enorme salón de entrada más el arcade que albergaba tiendas comerciales. Tenía que limpiar el piano, sillas, sillones, mesas, ceniceros (todavía se fumaba donde se quería en USA), alfombra, piso de ladrillos, etc.

Este trabajo me permitió conocer de lejos al rey y reina de Suecia, Paul Anka, Charles Bronson y Robert Vaughn de CIPOL.

Me llamaba César, usaba el #social de mi recién nacido sobrino. El horario era segundo turno de 3-11:30. Otro de los duties tenía que ver con bajar del asta la enorme y pesada bandera gringa al oscurecer, una en la azotea en el segundo piso (edificio de 11 pisos más sótano) y otra en la avenida Michigan.

Nadie me dijo en la semana de entrenamiento que era tradición sagrada gringolandesa que la bandera gringa nunca se pone en el suelo, entonces, en mi primer día sólo, bajando la star spangled banner (bandera moteada de estrellas), puse la bandera en el suelo de la acera porque el viento huracanado casi me la vuela y los grueso y pesados lazos no me dejaban maniobrar, era el rush hour, varios carros empezaron a pitarme y algunos a gritarme, yo sin entender, me tomé tiempo, entonces sale uno que trabajaba en una de las tiendas y me grita algo que no entendí, nos miramos por unos segundos, el gringolandés cae que no entiendo ni pío, me hace gestos como diciéndome, pienso yo por la cara que puso, "recogé la bandera hijueputa", al chile la levanto, riendo estúpidamente porque pensé estaba bravo porque la bandera se ensuciaba.

Ya tenía un año y medio de trabajar en este hotel, me había ganado aprecio de mi jefa afroamericana, aceptación de los europeos americanos en el front desk y reception en el lobby donde algunos me llamaban "little cesar" y por buen rato no supe por qué hasta que me llevaron a comer a la pizzería.

Ya fumaba una cajetilla diaria de Newport mentolado y en febrero 1984 empecé a escupir sangre. Tenía neumonía...

Tamen
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