3/31/2012

Desde La Diáspora: Negro por Gusto


Este mes cumplo 32 años de haber arribado a USA. En un lapso de tres años, recién llegado, le hice de todo y me tragué mi orgullo.

Mi primer trabajo fue delivery boy en un restaurante de comida rápida en el downtown de chicago. Mi segundo jale fue Lobby Porter en el Drake Hotel, mi tercer trabajo fue en la fábrica Sargent Welch Scientific Company en el suburbio de Skokie… pero fue mi cuarto trabajo, y en el que más duré, que fue todo un reto.

Por casi cuatro años yo fui llantero, pero si le pongo caché, como le encanta a los gringos, mi profesión u oficio fue Mecánico de Llantas, pero en total mi trabajo era cambiar, balancear, y reparar llantas de vehículos livianos en una compañía localizada el sur del downtown de Chicago, territorio de los afro-americanos.

Era un trabajo a la intemperie durante las cuatro estaciones y ganaba 5.25 x hora cuando el mínimo era de 4.75. Yo ahora me sorprendo cómo es que duré tanto trabajando en esas condiciones.  Con temperaturas bajo cero o de 95-100 grados, bajo la nieve o bajo el talegazo de agua, no importaba, el trabajo se hacía.

Allí conocí a LeRoy.

LeRoy era un raza negra tranquilo y lo insultaban los mismos negros envidiosos llamándolo “negro por gusto” porque era estatura pequeña, no fumaba ni bebía, no podía bailar ni cantar, y decían tenía paloma chiquita... pues le clavaron negro por gusto.

Pero LeRoy, quien era amigable, sonrisa afable, y plante inofensivo, nos gustaba a todos los latinos y algunos negros segregados en los dos talleres, excepto por un puñado de prietos envidiosos mala onda, de esos que existen en toda raza y en cada rincón del planeta.

Y es que LeRoy tenía algo que la currunchunchún de llanteros no teníamos: LeRoy era graduado universitario, pero no era tufoso, en tres años que trabajamos juntos nunca noté que viera alguien de menos, o sacara pecho de sus logros académicos.

LeRoy era un hombre humilde y andaba en sus 30s, pero seguía soltero..., y no era canelón, decían le costaba conseguir y retener novia.

Manejaba un carro del año, se ponía trozo de ropa, zapatos de cien vergas, y oro en puta. Su oficina era alfombra y aire acondicionado, y también era gustado, respetado y tomado en cuenta por la élite blanca mandamás, sin embargo, LeRoy llegaba al calor, la suciedad y la negrura donde trabajábamos a platicar con todos…, pero con nosotros, los latinos, se pegó pues decía quería aprender español y lo estaba haciendo bien..., el chavo sencillamente era buena onda.

En ese taller edificio, y como lunares de charco, nos segregábamos siete latinos: 2 potorros, 2 mexicanos, dos chapines, y yo. Era un local de casi dos manzanas de las nuestras, dos enormes hangar talleres con alrededor de 200 empleados en las diferentes secciones.

Los negros eran la mayoría, pero sin título universitario hacían, como nosotros, los trabajos más vergueados y de más baja paga.

Los blancos europeos eran apenas un 5% pero ocupaban las posiciones claves y ganaban los más altos salarios aunque sólo tenían high school. LeRoy, como diplomado Lead Senior Accounter, se hallaba entre ellos.

Trabajando un día del verano olímpico en gringolandia, durante la media hora de almuerzo… ¡de repente!... ¡oímos un disparo en la esquina opuesta y vimos un negro caer al suelo y dos más salir corriendo... era LeRoy que salía del Kentucky Fry Chicken de comprar su lunch y era asaltado por sus mismos hermanos de raza.

Un disparo en la cabeza acabó con su vida

Con la muerte del adolescente raza negra en Miami, por un vigilante que dicen es raza hispana, pero con apellido anglo, y ha despertado un viejo enfrentamiento racial, me volví a recordar de LeRoy, pues su muerte no despertó manifestaciones, o la enorme cobertura noticiosa… quizás porque no lo mataron blancos.

Pero  entre todo el actual despelote por Trayvon Martin nadie toca el problema de la tenencia de armas que la obsoleta constitución gringa protege.

En USA y el mundo todo lo que hoy se compra es hecho en China… excepto las armas y las balas.

Las mismas balas made in USA que mataron a Trayvon Martín en Sanford, Florida, son las mismas balas que desperdiciaron la vida de LeRoy en Chicagolas mismas balas asesinaron a 100 mil de mis hermanos salvadoreños… las mismas balas están asesinando al pueblo mexicano… y las mismas están masacrando al pueblo palestino.

Tamen
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