Tricomonas podría sonar una palabra
chistosa, cómica, con sonido raro para el oído macho del salvadoreño, y buen porcentaje de ellos ni aún saben su
significado, pero para cualquier
mujer del mundo, y un buen número de
mujeres salvadoreñas la palabra es
aterradora.
Tricomonas es la contraparte de
andar “matado” en el hombre.
Así como entre macizitos sabíamos de
ladillas, chancro, caballitos y demás menjurjes, también la mujer era familiar con el tema que atañe a ellas, y hay un número en
ambos sexos que debido al estilo de vida sufren estas enfermedades venéreas.
La
cultura y vergüenza tocante a sexo ha cambiado en el terruño desde mi primera estadía hasta 1981, y la manera de pensar, actuar, y costumbres que hallé cuando
regresé a El Salvador en 1999 eran más liberales,
agringadas, parte de la inevitable e imparable importación cultural desde USA.
¡Increíble cuanto puede cambiar un pueblo en
20 años tocante a todo lo que atañe sexo!
Hasta los 70s, en el terruño, ver películas como
La Colegiala o
Emannuele, era lujuria y
perversión para el adolescente, y eran prohibidas para menores de
21 años. Hoy me río cuando recuerdo las películas mexicanas de
Mauricio Garcés siendo prohibidas para menores de
14 años.
Para entonces pedirle a una prostituta de la
Villa Sisi en Ilopango
sexo oral, o una mamada, era para que a uno le sacaran la madre, y si a una puta de
La Avenida osaba pedirle
sexo anal podía hasta echarme al
chivo cuchillero por degenerado.
En los 70s, y en patín a verga, le pedí
sexo oral a una prostituta de la Zona Roja de La Unión, entonces una ciudad tan refundida como difícil acceso, y tan bella..., pero la prostituta, adelantándose a su tiempo y parafraseando lo que
Clinton dijo al pueblo gringo en Tv años después, me contestó:
Eso no es sexo... así que andá mucho a la mierda hijodetreintamilputas.
El problema era el estigma,
el qué dirán, esto frenaba a la mayoría de prostitutas “con clase” de poner sexo oral, o anal, en el menú a clientes que después le harían propaganda con su especialidad, cosa que la degradaría, sin embargo después me di cuenta como la confianza logra tocante al sexo de burdel.
Esa era la manera del pensar en los 70s tocante a
chimar, quebrar, momear, antes del SIDA. Un total cambio advertí en mi segunda estadía en El Salvador de 1999-2001.
El primer golpe a la retina fue la juventud salvadoreña, esa generación nacida bajo el temor y el terror de la
guerra civil era una juventud bien
sana comparada a la mía, pero percibí un problema: Era más sana pero más
inmadura e ideológicamente temerosa... Pero esto fue más extraño aún, reparé que tocante al sexo el varón era más virgo que la hembra, ella era más sexualmente liberada. Todo lo contrario a mi generación de los 70s.
La mara de compañeros con la que ya cuarentón estudié esta segunda vez andaba en sus veintes, y la mayoría era clase acomodada, pues la colegiatura era cara para la familia promedio. entre 10 de estos chavos sólo uno fumaba y chupaba, totalmente contrario a mis veintes cuando de 10, sólo uno era sobrio.
La universidad privada a la que asistí trataba los estudiantes como cuando yo asistía en
secundaria al Instituto Nacional. Se pasaba lista en todas las clases,
no se podía fumar, y había un rígido código de vestir en los hospitales. ¡Puta! el doctor que enseñaba era
infalible y tenía poderes dictatoriales.
Generalmente el primer día de rotación más de algún tutor (staff o residente) daba una charla de
intimidación terrorista como apertura. El resultado era que los compañeros estaban culeronamente intimidados y esto se manifestó cuando la
huelga de los médicos del Seguro Social contra la privatización de
Vilma Escobar de Thompson, sí, la mismita que hoy la derecha nos la quiere igualar a Juana de Arco.
Pero lo
más salvaje para el estudiante de medicina del quinto año para arriba eran los turnos 30 horas cada tres días.
En uno de esos estresantes turnos en el
año dos mil, llegó una mujer de 23 años a un consultorio externo en un hospital de
El Salvador. Era una mujer atractiva y con buen culo. Yo la atendí en mi función de externo practicante del sexto año, pero con una enfermera presente. La paciente se quejaba del
aparecimiento de manchas oscuras y mal olor en su
región vulvar, o sea, como mal hablado diría en mis veintes: en la mera chichuiza..., le pedí me mostrara e inmediatamente sentí el típico
mal olor que producía la infección y ya había notado era bastante común entre un apreciable porcentaje de la mujer salvadoreña.
La enfermera, con quien tenía confianza, me echó una
mirada de entendimiento, en ese momento yo sabía lo que ella estaba pensando y dije imprudentemente en voz alta y delante de la paciente: ¡
Una chica country!
Más tarde el médico de staff validó el diagnóstico.
La paciente tenía
dos patologías vaginales comunes en
promiscuas mujeres y con pobre higiene corporal que sucede en todos los países del mundo:
Tricomoniasis y Candidiasis.
Cuando le hacía su historia clínica llegué al punto de “ocupación y oficio” y ella dijo:
-Usted ya lo adivinó, soy bailarina en el Lips...
Resultó que cuando yo dije “chica country” ella pensó me refería a su oficio, cuando lo que yo infería irrespetuosamente ante ella era
“chicacontri-comonas”, una usual broma entre los compañeros de estudios que hasta las enfermeras entendían.

La paciente trabajaba en el local de
“entretenimiento” llamado
El Lips desde hacía un año y me contó que la obligaban a “luchar en el ring lleno de gelatina por la dueña” contra su voluntad... Ella se había quejado porque era sucio
"pero , la dueña siempre me amenazaba que si no me gustaba, la puerta estaba abierta..."
Sin pena ni gloria manifestó que permitía que le metieran
el dedo en su vagina y le chuparan los pechos por los “cien colones” pero no era prostituta, trabajaba allí porque tenía un niño de tres años, era madre soltera, su madre estaba enferma, medicinas caras y sin seguro de salud, no encontraba trabajo,... y un océano de problemas.
Por supuesto que yo ya había estado en
El Lips, algunos de mis amigos en los Estados Unidos llegaban de vacaciones y querían una diversión de esa naturaleza, pues puta, ¿quién era yo para echarles verga por ello? ¿Porqué negarme si a mi me gustaba también? Yo sé lo que es echar pija en USA y llegar al terruño de vacaciones. ¿Qué tenía
El Salvador legalmente que no existía legalmente en USA?
La prostitución es ilegal en gringolandia, aunque hay
nude dance clubs que son legales en algunos estados, pero sólo se puede ver, no se puede tocar a la mujer. En el Lips, en el 2000, se podía
cueviar meter el dedo y chupar cocos por 100 colones (10 dólares después) durante
tres canciones, además de ver show en desnudo toda la noche, y la entrada sólo costaba 50 colones... ignoro cuanto cuesta hoy día pero pretendo averiguar.
El Lips era hasta el 2001 (no sé si sigue igual) casi lo mismo que mi recordada
Villa Sisi en Ilopango de los años 70s, y de la que yo fui un fiel... excepto que este Lips no tenían cuartos para penetración
peno-vaginal como la Villa Sisi, pero todas las
demás penetraciones eran permitidas y a la vista de todos, aún los que estaban comiendo, y el
show de la medianoche en la
pista central era famoso internacionalmente.... Una vez me encontré allí un tour de 5-6 chinitos viendo una mamaita clavarse
el buche de la botella Pilsener en la “pista central” y ellos comiendo y bien idiotizados con el show.
La paciente se hizo chera mía, y me relató la terrible explotación y abuso de nuestra mujer salvadoreña, producto del “libre mercado” y los gobiernos con “sentido humano”. Me dijo que no tenía salario fijo sino que al contrario ella, como todas (unas 50 entonces),
pagaba 75 colones diarios a la dueña sólo por dejarlas trabajar allí...
Era un negocio redondo que no me cabe la menor duda que para que el gobierno entonces no dijera ni pío, tenía que haber
mano peluda. Sin embargo, hasta lo contrario, era y es legal y próspero.
El Diario de Hoy de quiquito era el único en publicar comerciales y “cupones” de descuento del antro explotador de la
mujer cuscatleca.
Tamen
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