3/16/2013

Lo Nuestro: Rubén Darío


 
A FRANCISCO ANTONIO GAVIDIA

Rubén Darío

Rompi el paquete, y me saltó de gozo
El corazón al ver escrito el nombre
De gavidia en el libro. ¡es un poeta
Para mi tan simpático! Y sobre eso,
¡le quiero tanto! ¡en fin! Soy entusiasta
Por todo lo que escribe, y muchas veces
Le he aconsejado publicase
Sus versos en un tomo; pero siempre
Modesto, nunca quiso
Aceptar el consejo. Aquí está el libro,
En lujosa edición; aquí su nombre
Y aquellos versos que leímos juntos
En días que pasaron, y otros nuevos,
Tan solamente frutos producidos
De savia fecundante y productora...
Por árbol vigoroso y bien repletos
 
"desde el cielo, Eloísa,
Vuelve hacia mi los ojos.
Mira: ¡estos son los versos
De tu francisco antonio..
Esto es para su madre, en la primera
Página de su libro. Muy seguro
Estoy que desde el cielo ella le mira
Y que de su hijo queda bien pagada.
Poeta de corazón, poeta inspirado,
Francisco tiene ardor, francisco es águila.
Es rudo, es apacible, es vigoroso
Y suave, arrulla y trina como un pájaro,
Y clama con la voz de las tormentas,
Y -se eleva hasta el sol. ¡qué gran espíritu!
Tiene diez y nueve años hace poco
Que era un adolescente. La poesía
Desde la cuna le infundió su aliento.
Y el niño aquel tuvo alas voladoras,
Y ha crecido y crecido con pujanza
Hasta llegar a ser lo que es: una alta
Gloria de cuscatlán, de Centro-América.
Gavidia es un poeta que impresiona,
Desde el instante en que se lee: maneja
La lengua con vigor y gallardía;
Es subjetivo hasta el extremo rígido
En la forma, los clásicos le arrastran;
Y he aquí que sus versos son muy dignos,
Por su fondo, del tiempo en que vivimos;
Y por su bella forma y elegancia,
De aquella edad de oro en que brillaron
Los moretos y tirsos inmortales.
Pero hay más es un vate americano;
Une a la donosura del idioma
Puro español, la majestad y aliento
De la virgen América, esta tierra
Llena de fuego y de hermosura llena.
Naturaleza le entusiasma, y pulsa
Los alambres sonoros de su lira
En loor de ella; amor le toca el pecho,
Y un raudal de conceptos deliciosos
Brotan sus labios; el pesar le hiere,
Y el treno de la angustia de su acento...
No me ciega amistad, ni da el cariño
Tintes fuertes al cuadro que presento:
Al amigo le quiero
Y al poeta le admiro.
Sobre todo, gavidia es hombre puro.
El, joven en su vicia, se retrata
En sus versos: en su alma limpia y noble.
¡ y él quisiera que todos así fuesen!
Juzga el amor como dolencia sacra
Que martiriza al par que infunde llama
Del calor infinito; la pureza,
/a virtud, la honradez, muy naturales
Casas. Gustavo Adolfo
Bécquer estuvo enfermo de esa fiebre;
Gavidia mira al ideal risueño
Y goza de la fruición de lo inefable
Con todo corazón. Ya bien conoce
Lo que es la humanidad, y da a entenderlo.
¿quién no advierte, al través de los renglones
Bruñidos y correctos, esas lágrimas
Que derraman los ojos al impulso
De las penas secretas del espíritu?
No creáis, ¡oh vosotros. Mis lectores!,
Que son frases y ruines lloriqueos,
Como tanto versero nos espeta
Quejándose de amor y "calabazas"...
Es el suspira fiel de un pecho joven.
A fuer de hombre franco, yo aseguro
que en todo centro-América,
el tomo de los versos de Gavidia
es lo primero que hemos visto en libros
de esas materias. Yo no ofendo a nadie.
Llamen a juicio los que duden de esto,
y digan si es verdad. Como este tomo,
quisiera yo que a España se mandasen
cientos, para mostrar que en nuestro suelo
Apolo esparce su fulgor divino.
Leo y releo el ejemplar y peso,
En la balanza de imparcial sentido,
Su mérito; procuro hallar defectos,
Y bellezas me salen al encuentro.
Un acontecimiento literario
Es la publicación que admiro ahora.
Ella sola ha tejido una guirnalda
De laurel para el vate que da vida
A su patria, a su tiempo y a su nombre.
 
Los versos amorosos de Gavidia
Son verdaderas RIMAS y conmueven
Hasta la exaltación. Una graciosa
Y espiritual amiga que leía
UN CORAZÓN, me dijo, impresionada:
“Dichosa esa Isabel con tal amante”.
Ese es el nombre de la que él describe
Con divinos colores. Esas rimas
armónicas y dulces en que canta
la historia de un amor cándido y tierno,
lleva cierta dulzura al alma joven
que tiene anhelos y que en ansia vive:
celestial e infinita complacencia.
Cuando describe el bardo es admirable.
No pinta al describir: fotografía.
Tiene una exuberancia de colores,
a las veces sutil, ora apacible,
ora con expresión casi salvaje.
Estilo original; tiene sus visos
de clásico maestro, y pinceladas
de un arrebatador naturalismo.
El ritmo de los metros en su canto
es madeja brillante de hilos de oro,
que teje y descompone a su capricho;
las figuras creadas a manera
de escultor, con cincel y con martillo.
A veces forja, mas también deslíe.
Una flor es su amiga y una estrella
su hermana; pero el trueno es confidente,
mensajero también de inspiraciones.
Plácele contemplar los cuadros plásticos
de la Naturaleza y los terribles
del corazón humano. Sus autores
favoritos, en quienes
se engolfa, son el viejo Esquilo, el rudo
Homero, el Dante amargo, y Hugo. ¡Genios...!
Prometeo le admira cuando grita:
—¡Ah!... — y alguien le interpela: — Prometeo!
¡Esas no son palabras de los Dioses!
Aquiles le refiere sus hazañas;
Francesca le confía sus amores,
y Gwinplaine le sonríe con sonrisa
monstruosa y que además aterroriza.
 
Gran poeta es Gavidia. Este volumen
hoy lo presenta ante el inmenso campo
de la crítica, y dale nombre y fama
grandes y merecidos. Que veamos
otros libros y otros
como éste que admiramos. Yo le envio
al amigo un saludo con afecto
al par que orgullo, y al autor glorioso
la admiración y aplauso de mi patria,
que se siente también, como la suya,
honrada y satisfecha por el triunfo
de un centroamericano...
Tamen