4/10/2011

Lo Nuestro: Ecos del Viejo San Salvador

Iglesia El Rosario, la primera en mi memoria, la fe religiosa fue imprimida en mí por mi madre quien desde que tengo uso de razón me llevaba todos los miércoles a rezarle al santo negro peruano Fray Martín de Porras.. Un ritual que seguí haciendo por un par de años aún después que mi madre falleció cuando tenía 14 años. Aparentemente esta era la única iglesia que tenía una estatua de este santo en aquellos días.
La torre de la iglesia, característica desde la distancia, se cayó por mitad durante el terremoto de 1986, la torre fue reconstruida pero acortada por la mitad, como luce hoy.
La iglesia El Rosario, también una vez catedral de San Salvador, y anteriormente de madera, se terminó de reconstruir en 1971, su diseño rompió con el viejo estilo benedictino y no gustó a los jefes eclesiásticos entonces, pero fue sometida al Vaticano quien aprobó el diseño… la primera impresión de la iglesia en su primer año para los feligreses fue que no parecía iglesia…, si esta iglesia hablara contaría la sangrienta tragedia del pueblo salvadoreño por su libertad en su corta historia.

Un dato curioso es que el arquitecto que diseñó esta belleza de iglesia fue el mismo que construyó el busto de uno en mi lista de los tres más grandes asesinos que ha tenido el pueblo salvadoreño: El mayor Dabuison.

El Portal de la Dalia es uno de los más grabados en mi memoria. Ubicado enfrente del Parque Libertad, el edificio albergó un almacén que se llamaba así, La Dalia, pero en 1921 llegó a ser el prestigioso almacén París Volcán, fundado por los hermanos José y Carlos Berheim que fundaron “C. Berheim & Company” nombre que se lee en lo alto del edificio.

Este Portal me vio salir escupido huyendo de la chota en 1971. Esquina opuesta estaba la relojería Oriani la cual me recuerda cuando tenía 12 años, en sexto grado, en esa esquina, a la entrada de la relojería, me di verga por vez primera hasta sangrar con otro de la marita del mesón saliendo un domingo a la una de la tarde de un triple de cinco centavos del cine Popular, “el pulgoso”, hoy el abandonado Teatro Libertad.

Esta es la piscina de La Chacra, cerca de la terminal de oriente. Las aguas que llenaban estas dos piscinas eran de nacimientos acuíferos naturales en la zona. Una piscina grande para la mara adolescente y otra pequeña para los infantes. Entonces era costumbre no hallar sexo femenino en esos lugares, lo mismo que en el estadio Flor Blanca… no recuerdo llegaban mujeres al balneario, ni al estadio.

Yo aprendí a nadar aquí, y desde que estaba en el kínder recuerdo frecuentar La Chacra con la marita del mesón… no pude averiguar qué pasó con La Chacra, si todavía existe (lo dudo) y que ondas allí ahora.

En primer plano está lo largo de la 25 Avenida Norte, o avenida José Gustavo Guerrero… y la famosa Fuente Luminosa que aún no tenía la obra escultural que hoy adorna. A la derecha está la embajada gringa, al fondo, siempre a la derecha el edificio de las Cajas de Crédito y a la izquierda el hospital Benjamín Bloom.

Por toda la década de los 70s yo transité esta calle, ya sea en bus o a pie, en mi camino hacia o desde el INFRAMEN o la Universidad Nacional.

Este redondel, junto a la iglesia El Rosario, guardan la historia de la lucha reindicativa de las mayorías por liberarse del yugo oligárquico que mi terruño ha sufrido por casi 200 años.


Por último éste era el celular, Play Station, HDTV, y el internet de la currunchunchún de aquellos días: el Tic Tac, que junto al Espíritu de Caña (chepe toño), y el Muñeco (red handkerchief), eran las únicas opciones para divertirse en aquellos parcos tiempos.

Tamen
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