6/17/2009

Nuestra Historia: La Familia Alvarado

Desde La Conquista, comenzando por los españoles, y hasta nuestros días, Cuzcatlán ha sufrido excoriaciones de camarillas familiares las cuales han usando frases estandartes tales como “libertad, civilización, democracia"… para saquear, destruir, y aniquilar otros pueblos.

La primera familia en aprovecharse en usar estas falaces frases fue la familia del conquistador español Pedro Alvarado... Así que comencemos con la familia del Adelantado, y Capitán de Hernán Cortés, Pedro Alvarado.

Alvarado nació en Badajoz, Extremadura, en el seno de una numerosa familia noble de España. En 1510 viajó con sus cuatro hermanos Jorge, Gonzalo, Diego, y Gómez hacia América. La familia llegó a Cuba, y tras breve estadía se traslada a Veracruz, México, allí, bajo las órdenes de Hernán Cortés, participan en la conquista de México.
Hernán Cortés, ávido de conquista, encargó a la familia Alvarado, a la cabeza de su capitán Pedro Alvarado, la conquista de Guatemala y Cuzcatlán.

La familia salió de México el 6 de Diciembre de 1523, con 500 soldados de infantería, 120 de caballería, 200 indios Tlaxcaltecas, 100 Méxicas, 4 piezas de artillería, 40 caballos de reserva, y abundante pertrecho militar.

Pedro Alvarado era "rubio, ojos claros, por lo cual los indios le llamaban Tonatiuh" -dios del sol-, lo explica Jorge Lardé y Larín en su libro "El Salvador: Descubrimiento, Conquista, Colonización".

Comenzó la campaña en Guatemala devorando los pueblos fronterizos Quiché del Soconusco a quienes finalmente derrotó en Quetzaltenango, en esa batalla murió combatiendo valientemente su cacique Tecún Umán.

En Junio de 1524, partió de Ixinché (capital de los Cachiqueles) la primera campaña contra Cuzcatlán por la familia Alvarado. Con pocas tropas españolas, pero con un cuantioso número de indios, comenzó la masacre en Escuintla (Itzcuintlán), donde hizo pasar a cuchillo toda la población, a finales de Junio atravesó el Río Paz (Paxa) penetrando el norte del territorio cuzcatleco. El primer poblado que encontraron fue Nahuizalco (Mojicalco) pero estaba desolado, los habitantes se habían escondido en los montes, lo mismo sucedió cuando llegaron a Izalco.

Se dirigieron de allí al pueblo de Acatepec (Acatecpán), que también halló vacío. De Acatepec llegaron al pueblo de Acaxual, ciudad al este del hoy puerto de Acajutla. Los españoles hallaron no lejos de Acajutla, cerca de Tacuxcalco, la primera resistencia abierta de los Pipiles. Los guerreros Pipiles llevaban corazas de algodón acolchadas que cubría todo su cuerpo, éstas eran bastante pesadas e incomodas para una batalla militar, y si caían ya no se podían levantar.

Los españoles retrocedieron tácticamente para alejar al ejército pipil de una cercana montaña que podía servirles de refugio al ser derrotados, luego viraron y cayeron sobre los Pipiles con la caballería provocándoles una enorme mortandad. Pero en esta batalla cayeron heridos varios españoles y en una existente carta de Pedro de Alvarado a Cortés, narra que él mismo fue herido en la pierna izquierda producto de un flechazo Pipil.

Pero una más fiera resistencia hallaron en Tacuxcalco, al sur de Sonsonate, donde un numeroso ejército Pipil salió a combatirlos. Los Pipiles esta vez usaban lanzas de hasta cuatro metros de largo y era más numeroso que el de Acaxual. Los españoles eran 250 y contaban con casi seis mil indios de auxiliares. Pedro de Alvarado, aún sanando de su herida, y no pudiendo combatir, distribuyó sus fuerzas en cuatro ejército y puso a la cabeza de cada ejército a sus cuatro hermanos... La familia esperó el combate... La batalla duró pocas horas con muchos indios muertos y heridos, los vencidos y diezmados huyendo a los montes y colinas.
Alvarado entonces escribió una carta a Hernán Cortés sobre la campaña de Cuzcatlán. Estas cartas, dicho de paso, constituyen los primeros documentos históricos que mencionan la tierra cuzcatleca:

"Aquí en este reencuentro me hirieron muchos españoles y a mí con ellos, que me dieron un flechazo que me a pierna y entró la flecha por la silla, de la cual herida quedé lisiado que me quedó la una pierna más corta la otra bien cuatro dedos... Y llegando que llegué a esta ciudad de Cuzcaclán hallé muchos indios que me recibieron y todo el pueblo alzado y mientras nos aposentamos no quedó hombre de ellos en el pueblo que todos se fueron a las sierras y como vi esto yo envié mis mensajeros a los señores de ahí a decirles que no fuesen malos y que mirasen que habían dado la obediencia a Su Majestad y a mí en su nombre, asegurándoles que viniesen, que yo no les iba a hacer guerra ni a tomarles lo suyo, sino a traerlos al servicio de Dios Nuestro Señor y de Su Majestad.
Enviáronme a decir que no conocían a nadie, que no querían venir, que si (para) algo les quería ahí estaban esperando con sus armas. Y desde que vi su mal propósito le envié un mandamiento y requerimiento de parte del Emperador señor nuestro en que les requería y les mandaba que no quebrantasen las paces ni se rebelasen, pues ya se habían dado por sus vasallos. Donde no, que procedería contra ellos como con traidores alzados y rebelados contra el servicio de Su Majestad y que les harían la guerra y todo los que en ella fuesen tomados, a vida serían esclavos y los herrarían. Y que si fuesen leales, de mí serían favorecidos y amparados como vasallos de Su Majestad.
Y a esto no volvieron los mensajeros ni respuestas de ellos… Y como vi su rebeldía y el proceso cerrado, los sentencié y di por traidores y a pena de muerte a los señores de esta provincia… Sobre estos indios de esta dicha ciudad de Coxcaclán (Cuzcatlán) estuve diecisiete días y nunca por entradas que mandé hacer ni mensajeros que les hice, como he dicho, los pudo atraer por la mucha espesura de montes y grandes sierras y quebradas y otras muchas fuerzas que tenían..."

Como dice Pedro Alvarado en su carta, la familia española penetró por fin al Señorío de Cuzcatlán cuando llegó a Ateos (Atehuán), cuya población recibió amistosamente al caudillo español, y de acuerdo a Santiago Barberena, estando aquí, Pedro Alvarado recibió emisarios del cacique de Cuzcatlán, que la tradición le ha puesto el nombre de Atlacatl, éste ofrecía su obediencia y la de sus vasallos al rey de España, o sea, ¡sin una lucha, Atlacatl, se rendía a los españoles!...
El mito del "valiente" Atlacatl, que irresponsablemente ha sido inmortalizado en pinturas, esculturas, murales, cantos, poemas, aún en poses lanzando una flecha en Acaxual a Pedro Alvarado, y al cual "lo deja cojo para toda su vida", es solamente eso: un patrioterista mito. El histórico Atlacatl, según el historiador Barberena (que algunos académicos como Jorge Lardé y Larín ponen en duda su existencia y dice sólo era una denominación) dice existió, pero era un cacique dócil, afable y carácter débil, quizás con cierto vestigio de valor pues murió en la batalla de Cuzcatlán... Honestamente, y de acuerdo a imparciales historiadores salvadoreños, para mí, el famoso Atlacatl es un símbolo que no hace daño a nadie. Si tiene Honduras a Lempira, Guatemala a Tecún-Umán, Panamá a Urraca, Chile a Caupolicán, Perú a Tupac Amarú, México a Cuauthémoc, los gringos a Toro Sentado... Una moda histórica es tener un indio valiente... El Salvador, habiendo muchos y valientes, escogió al contradicho Atlacatl... Mi padre una vez me comentó "está bien así, cuando no daña a nadie"

Don Pedro aceptó la invitación de Atlacatl y se trasladó a la capital de Cuzcatlán donde se hospedó en el mismo palacio del cacique Atlacatl, pero aún siendo así, tan bien recibido por los cuzcatlecos, no duró mucho su hipocresía y sus verdaderas intenciones: El oro.

Leamos como narra alguien que vivió y vio los hechos: Fray Bartolomé de Las Casas, quien en su tratado de "La Destrucción de las Indias" lo cuenta refutando la versión coloreada del troglodita Alvarado:

"De infinitas obras horribles que en este reino hizo este infelice malaventurado tirano y sus hermanos, porque eran sus capitanes no menos infelices e insensibles que él con los demás que le ayudaban, fué un harto notable, que fué a la provincia de Cuzcatlán, donde agora o cerca de allí es la villa de San Salvador, que es una tierra felicísima, con toda la costa de la mar del Sur, que dura cuarenta y cincuenta leguas; y en la ciudad de Cuzcatlán, que era la cabeza de la provincia, le hicieron grandísimo recibimiento, y sobre veinte o treinta mil indios le estaban esperando cargados de gallinas y comida.
Llegado y recibido el presente, mandó que cada español tomase de aquel gran número de gentes todos los indios que quisiese para los días que allí estuviesen servirse de ellos y que tuviesen cargo de traerles lo que hubiesen menester. Cada uno tomó ciento o cincuenta, o los que le parecía que bastaban para ser muy bien servidos, y los inocentes corderos sufrieron la división y servían con todas sus fuerzas, que no faltaba sino adorarlos. Entretanto, este capitán pidió a los señores que le trajesen mucho oro, porque a aquello principalmente venían. Los indios responden que les place darles todo el oro que tienen, y ayuntan muy gran cantidad de hachas de cobre (que tienen, con que se sirven) dorado, que parece oro, porque tiene alguno. Mándales poner el toque, y desque vido que era cobre dijo a los españoles: "Dad al diablo tal tierra; vámonos, pues que no hay oro, y cada uno, los indios que tiene que le sirven échenlos en cadena y mandaré herrarseles por esclavos". Hácenlo así y hiérranlos con el hierro del rey por esclavos a todos los que pudieron atar, y yo vide el hijo del señor principal de aquella ciudad herrado. Vista por los indios que se soltaron y los demás de toda la tierra tan gran maldad, comienzan a juntarse y a ponerse en armas. Los españoles hacen en ellos grandes estragos y matanzas y tórnanse a Guatemala."

Pero la familia Alvarado no logró conquistar de facto la tierra cuzcatleca. Muchos pipiles murieron en ese primer asalto, así como también muchos pipiles huyeron a los "montes y sierras cercanas". La familia Alvarado intentó tretas y subterfugios por hacerlos regresar y someterse, pero sin éxito, aún envió mensajeros pero éstos nunca regresaron.

Para agravar la situación, un riguroso invierno obligó a los conquistadores, después de permanecer en Cuzcatlán por 17 días, a regresar a Ixinché, en Guatemala.

Una segunda campaña para conquistar Cuzcatlán se hizo necesaria y se inició a finales de 1524, capitaneada por Diego Alvarado, segundo en línea de dicha familia. Esta vez los españoles tuvieron más éxito, pero aún no completa victoria; esto se deduce por el hecho que Diego de Alvarado fundó en Diciembre de 1524 la "Villa de San Salvador" en el valle de Las Bermudas, cerca de Suchitoto y no tan cerca de Cuzcatlán. Era un sitio solitario, extremadamente húmedo y lluvioso. No hay muchos datos históricos sobre esta segunda expedición de Diego de Alvarado, pero se acepta como hecho que la conquista de Cuzcatlán no fue completada en esta segunda expedición.

El Adelantado Pedro Alvarado fue procesado en las cortes españolas por las masacres que desató en Cuzcatlán; él se defendió con el pretexto de los mensajeros muertos y fue exonerado de los cargos en 1529. Gracias a este proceso se saben sus correrías que tantas vidas cuzcatlecas acarrearon.

Doce años después, en 1541, el caudillo de la familia Alvarado falleció en el estado de Jalisco, cerca de Guadalajara, huyendo de guerreros indios que lo acosaban. Iba adelante su escribano Baltasar Montoya que halaba su caballo en una empinada, y, debido a lo rocoso de la subida, su agotado caballo resbaló y se lo llevó consigo cuesta abajo.

A raíz de estas heridas, Pedro Alvarado falleció el 29 de Junio de 1541.

Prestado de CUSCATLÁN

Tamen
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