martes, mayo 27, 2008

LA NATURALEZA Y EL HOMBRE

Hace un año hoy, enterraba a mi padre; alguien que amé, admiré, imité, condené,... y que hoy extraño। Le gustaba leer y escribir, aunque sólo había estudiado hasta tercer grado. Pero en esas menos escandalosas épocas llegar al tercer grado era haber terminado Plan Básico de mi época, eran los días cuando ser bachiller era un tipo de carrera profesional, y llegar a sexto grado, un bachillerato.

Pero la fascinación de mi padre era el campo, la campiña, los pájaros, montañas riachuelos, el olor a caca de buey, el ruido de los árboles, y pescar en aquél Lempa de aquél Puente Cuscatlán.

Se sabía muy bien los trucos de la siembra y cultivo, el valor medicinal de las yerbas, y reconocía el olor a lluvia horas antes que cayera.

Creo que todo hijo le corresponde, si así lo quiere, sacar pecho de la grandeza de su padre, o enorgullecerse haciendo trizas el honor de él. Pero bien o mal, quieriendo o sin querer, siempre estará allí su recuerdo.

A mi padre le publicaron este artículo un día de 1975 en uno de los dos periódicos del país. Su cara mostraba su momento de triunfo.

La Naturaleza y el Hombre

La selva está virgen; la maleza abunda; corpulentos árboles la cubren; es la guarida del jaguar; anida a las aves; en los paredones encueva el bellísimo talapo; en los abruptos peñascos procrea el inmundo zope y en los ramajes la torcaz paloma, en fin todos los animales.....la tierra es fuente de vida, hay que labrarla; el hombre la hiere con hacha, corvo o el tractor maligno।

Estrepitosamente cae el árbol centenario; sigue el bregar, el trabajo es duro y con armas en mano golpea y golpea, y ante el empuje férreo, la selva en vano intenta resistirse y se doblega। La comarca se estremece। El trabajador sudoroso sigue en su afán; por la vida se lucha: Para vivir se trabaja; la tierra se descuaja antes que llegue la prodigiosa primavera। ¡Y no hay selva! ¡Se terminaron las plantas! Los animales huyen...las palomas abandonan el campo y se ven en el horizonte como las nubes que el viento sopla, volverán de vez en cuando... Pero ya no en bandadas।

El cusuco huye, veloz el conejo corre, ya no se admirará el amarillo color de la chiltota, el zenzontle, con su trinar, ya no anunciará el alba; y cuando el ocaso baje y todo sea tinieblas, no se oirá la tétrica ululación de la lechuza y el no menor ulular horrorizante del búho; el tacuazín se esconde acechando la llegada de quienes le proporcionan alimento y también en un descuido le privaran de la vida, todos apresuradamente buscan refugio y alimento en el vecino monte y en su fuga preguntan ¿Qué pasa? ¿Quién viene? Alguien contesta: Es el señor de la tierra, dueño y amo del mundo, el HOMBRE, quién todo lo hace, todo lo puede y también el sólo se destruye। Es infatigable, denodado y valiente, se enfrenta a las vicisitudes; en la intemperie trabaja, con el sol de frente o a su espalda, es lo mismo। Duerme casi al descubierto, su cama es un tapexco, su cobija un bramante, ¿Su alimento?...

Aun sigue su lucha contra la tremenda suerte; terminado el descombro, con los bueyes tira el arado, la tierra convulsionada e inerte está en la espera de la simiente. Cansado y sudoroso, con su fiel perro, el corvo, su tecomate, llega a la choza a esperar las primeras lluvias y al observar la región, oye el canto del guaco, que según la tradición, es el primero en anunciar la llegada de las benditas aguas celestiales; éstas no se hacen esperar, llegó su tiempo. El relámpago parte la nube e ilumina el firmamento; al trueno la tierra se estremece, cae la lluvia y baña, baña, baña. Tiene abiertas las entrañas, el labriego se apresura, tira la semilla, crece la planta, aparece el verde césped, las flores y el campo se cuajan de rocío. Luego...frutas, maíz, frijoles, arroz, todo se produce mediante la mano del Hombre y la Naturaleza. Extenuado, mira a su alrededor, el taburete, el lodo seco cuarteado de la hornilla, el tapesco, acolchonado de hojas y una marimba de carne y hueso que lloran, que piden, que necesitan...

El fruto de su trabajo no le alcanza para cubrir lo más imperioso para su prole; y anonado por lo que alcanza a ver y oír, se acuesta en su "cama" y medita: ¡SEÑOR DIOS DE PIEDAD!...Tú que todo lo miras, que todo lo haces, que curas los enfermos, levantas a los inválidos, enséñale piedad al avaro, guía por el sendero de la verdad al potentado, mira la campiña, con hijos famélicos y enfermos, por ésto te imploro tu ayuda। ¡OH! Gran Señor del Universo, que proporcionas a cambio de mi sudor, lo necesario para vivir yo, mis hijos y los hijos de mis hijos; y así cansado y agobiado, bajar al sepulcro para ser devorado por las larvas y convertirme en abono de la ¡MADRE TIERRA!

Tamen

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