11/08/2013

Olores


Tengo un compa salvadoreño que cada vez que nos reunimos son largos y amenos ratos de parla y guiri-guiri. Hoy pasamos una tarde pijona, mi parna, de repente, en medio de la plática, me interrumpió para preguntarme:
-“¿Por qué sólo hablamos política, religión, deportes, así de voladas culos, y volvemos a política?, a vos te gusta escribir ondas pues escribite algo improvisado, así espontáneo”
 Se fue tras una llamada que le entró y me quedé sólo en mi back yard con mi laptop y un fresco atardecer que me recordó diciembre o enero en mi colonia Santa Lucía en Ilopango, década de los 70s.
Me recordé del reto de mi cherada sobre “algo improvisado”, que no fuera política, deporte, culos, o religión…, me di cuenta que el volado esta camarón pero como me enculan los retos comencé a cranear pero neles, nada apolítico, asexual, o antideportivo se me venía a la ñola…,
Entonces sentí el olor a carne asada, mi múcura cocinaba carne en el “grill”…, Y se me vino la palabra ¡olor!
Uno de los cinco sentidos… Varias veces más desarrollado en algunos animales que en el hombre, y como la política, deporte, o religión, también hay un olor en cada día.
Como buenos maniqueos los terrícolas diferenciamos los olores entre  buenos y malos. El problema de esta simple diferenciación es como el terrorismo: hay terroristas buenos y malos… pero ¿cuál es el olor bueno, o cuál el malo?... Eso ya es territorio de otro sentido: el gusto.
Por ejemplo, las ciudades. Ese sabroso y tan añorado olor que siento al salir de las aduanas del aeropuerto Comalapa y poner un pie dentro de la atmósfera del terruño es diferente del  olor que siento cuando manejo por el traffic jam del bulevar del Ejército, con una atmósfera negruzca y el famoso olor y color antracósico del humo del diesel y gasolina.
Cuando regreso del terruño comienzo a sentir ese olor gringo aséptico que comienza en los aeropuertos, como al salir del Bush Intercontinental o del O´Hare Airport.
O bien el olor característico de los mismos terrícolas y sus diferentes razas.
El olor del negro, olor a vaselina, es diferente al olor a especie del hindú, o el olor del blanco gringoeuropeo a pan tostado viejo, el olor a suavizador de lavado del asiático…. O el olor (llamémosle así) del sudor de mi gente hispana que no usa desodorante, el cual es clásico.
Las flatulencias, ventosos, gases, o pedos dan también diferente olor.
Cuando en mi trabajo entro al sanitario y un african american recién terminó o está “cantando” siento ese pútrido olor a fritada chuca… puta, a veces tengo que salir disparado e ir a usar otro baño…. Al negro le fascina la carne de cuche, uno de sus platos favoritos es la fritada con la moronga, intestinos, etc…
Llego al otro pipi room y está, o just finish, un blanco gringolandés que come brócoli y vegetales en puta y siento el clásico olor.
El olor en las iglesias, el olor en los buses, el olor en los trenes, aviones, carros y casas… todos con su propio característico olor.
No hay duda el olor es un indispensable sentido que a cada momento nos persigue y nos castiga o nos arrulla.
Y el olor de la mujer… mejor lo dejo aquí porque tiene que ser cuestión de un escrito aparte.
La bella tarde y el olor a carne asada me inspiró a enfrentar el reto de mi amigo.... Entonces miro al cielo del atardecer ensombreciendo y me doy cuenta que la bella fresca tarde en los cielos de Houston se ha también inspirado con el olor a los gases de nitrógeno, oxígeno, carbón e hidrógeno... !los olores de la vida!
Escribiendo ésto las nubes en el firmamento  de Houston crearon esta  cruz, X, o forma geométrica, mientras yo me echaba esta letrada.
Tamen
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