5/12/2012

Un Día Para Mi Madre


Perdí a mi madre cuando tenía 14 años… Aunque a veces tecniqueo con el Alzheimer no es extraño que después de cuatro décadas su imagen aún la tengo vívidamente grabada en mi mente, con todo y la tecniqueadera con el Alzheimer su recuerdo no se borra de mi mente. Y es porque mi madre es el imán de mi infancia, la inspiración de mi pubertad, el guión de aquellos años de vicisitudes y estrecheces… una época deliciosa en prístina dicha que nunca olvidaré u ocultaré... y que jamás me avergonzaré de contarla una y otra vez.



Era un mesón como muchos y de mucha edad,
cuatro hermanos, mis padres, Mi Familia, todos
juntos en el cuartucho, lado a lado hacinados,
en el viejo barrio del centro de la gran ciudad...

Mi Madre, llena de espíritu emprendedor
un día, se le ocurrió pensando con osadía,
que aumentaría nuestro pan de cada día,
hacer del cuartucho un pequeño comedor...

Abrió crédito en el mercado, y con empeños,
consiguió hacerse de unas mesas y sillas,
con devoción y fe a San Martín le pedía,
que le ayudará a sacar adelante sus sueños...

El Santo Negro la oyó, pues al tercer día
de abierto el comedor, comensales por fin
llegaron, su fe y su devoción a Fray Martín
subió, y también el negocio que se expandía...

Minutas, refrescos, tamales y tortillas;
Mi Madre parecía feliz y entusiasmada
y planeaba, casi a la manera corporada,
cambiar de local con más mesas y sillas...

Con plegarias, devoción, trabajo y energía,
su comedor creció próspero con el tiempo,
pero su algarabía se convirtió en lamento,
cuando el alcohol hizo su aparición sombría...

Ella aumentó sus ruegos y pedidos a su Santo,
los miembros mayores de Mi Familia al alcohol,
así un día, mientras ellos hacían de Baco su sol,
yo encontré a Mi Madre sola, en doloroso llanto...

El castigo de su Santo y su Dios no tardó en venir,
pues sí a través de ella nos habían dado bonanza,
a través de ella nos quitarían nuestra esperanza,
haciendo infierno nuestras vidas, nefasto el porvenir...

Un frío noviembre, Dios mostró su merced
arrebatando su alma bruscamente, Mi Madre
nos dejó para siempre, y así la miel en vinagre
se convirtió, como condena a nuestra vil sed...

Con ella murió Mi Familia, tal como la conocía,
y el averno llegó a nuestras vidas ese momento,
El Eterno, impávido, ignoró nuestros lamentos
recordándonos el infierno que vivió la Madre Mía.

Tamen
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